Sr. Director:
El 7 de junio de 1926 un tranvía atropelló a un hombre triste y silencioso, que caminaba como siempre a su trabajo. Antes entró, como todas las mañanas en la Iglesia de San Felipe Neri, esta vez para confesarse. Después iba a su trabajo como todas las mañanas; el día anterior había dicho a sus colaboradores: “mañana venid temprano que haremos cosas bonitas”. Iba indocumentado y la Guardia Civil lo confundió con uno de los muchos mendigos que vagaban por las calles, lo trasladó al Hospital de la Santa Creu, donde un sacerdote de la Sagrada Familia, que andaba por allí, lo identificó como Antonio Gaudí. Murió a los 73 años en plena dedicación a la catedral de los pobres. Así es como se conoce popularmente la Sagrada Familia a donde se dirigía cuando sufrió el accidente y para cuyas obras llegó hasta a pedir limosna.
El tan admirado ahora Antonio Gaudi, fue en su tiempo incomprendido, atacado y despreciado. A Gaudí se le tachó de masón, anticlerical, masoquista alquimista y blasfemo. Pero la realidad es completamente distinta, como ahora demuestra Paloma Pía Gasset, descendiente directa del filósofo Ortega y Gasset, quien ha sacado a la luz la documentación inédita del Positio o proceso de beatificación, que ha destruido toda la leyenda negra contra Gaudi, porque ha sido declarado Siervo de Dios por la Santa Sedet, también llamado arquitecto de Dios por su arte y santidad en la obra más grandiosa que nunca se ha construido en Cataluña, España y Europa: LA SAGRADA FAMILIA. Que, aunque fue víctima del odio satánico de la guerra civilista, luce hoy con la llegada del Papa León XIV que bendecirá la torre de Jesucristo, su símbolo más representativo. Gaudi construyó la Sagrada Familia y la Sagrada Familia construyó a Gaudi. Quien analizado desde una simple mirada superficial sería un grandioso arquitecto, pero es mucho más, un genio, un místico y un santo como lo reconoció el Papa Francisco, cuando lo declaró venerable. Durante décadas los estudiosos del arte Gaudio han intentado con persistencia analizar la Sagrada Familia, una fuente inagotable de Arquitectura Católica.
Los Papas siempre han valorado la Sagrada Familia como un lugar para la expiación tal fue la intención que movió a Gaudi para levantar su magna obra. Así Pío XII, en uno momentos difíciles para la Sagrada Familia, clamó por la necesidad de concluir el templo expiatorio, “para que muy pronto bajo sus bóvedas altísimas suba el humo del incienso reparador por tantas ofensas como hoy recibe la Divina Majestad precisamente en el seno de la familia”.
El Papa Benedicto XVI un entusiasta admirador del arte de Gaudí con motivo el 7 de noviembre presidió la Misa de la dedicación del templo de la Sagrada Familia y consagró el altar en presencia de los entonces Reyes Juan Carlos y Doña Sofía. En su homilía, volvió a conocer la gran figura de Gaudí afirmando: Recorramos, sobre todo al que fue alma y artífice de este proyecto a Antonio Gaudi, arquitecto genial y cristiano, consecuente con la antorcha de su fe ardiendo hasta el término de su vida, vivida en dignidad y austeridad absolutas (me ha conmovido especialmente la seguridad con la que Gaudí, ente las innumerables dificultades quien tuvo que afrontar, exclamaba lleno de confianza en la Divina Provincia, exclamaba: “San José acabará este templo”). A la pregunta ¿Qué hacemos al dedicar este templo? Respondía en el corazón del mundo ante la mirada de Dios y de los hombres, en un humilde y gozoso acto de Fe levantamos una inmensa mole de materia, fruto de la naturaleza y de un inconmensurablemente esfuerzo de la inteligencia humana constructora de esta obra de arte. Ella es signo visible del Dios invisible, a cuya gloria se alzan estas torres saetas que apuntan al Absoluto de la luz y de Aquel que es la Luz, Altura y Belleza misma.