Sr. Director:

Ayn Rand, filósofa: "Podemos evadirnos de la realidad, pero no podemos evadirnos de las consecuencias de evadirnos de la realidad.

Decía G. K. Chesterton que llegaría un día en que habría que desenvainar la espada para demostrar que las hojas son verdes en verano. Ese día ha llegado. Y no sólo en el terreno de las ideas, sino en algo mucho más concreto: la gestión de lo público.

Hoy es necesario recordar lo elemental: que no se puede gastar sin control, que no se puede gobernar sin responsabilidad, que no se puede sostener indefinidamente un sistema que premia el error y no castiga el abuso.

El paralelismo entre el Real Madrid y España puede parecer, a primera vista, una licencia retórica. No lo es. Ambos atraviesan, cada uno en su ámbito, una crisis de naturaleza semejante: pérdida de rumbo, debilitamiento de la autoridad interna y dificultad para corregirse a sí mismos. Y en ambos casos, la solución pasa por lo mismo: orden, disciplina y responsabilidad.

II. El síntoma común: desorden con apariencia de normalidad

Ni el Real Madrid está descendido, ni España está colapsada. Y, sin embargo, ambos muestran señales preocupantes.

En el club blanco:

  • egos por encima del equipo,
  • fichajes sin plan claro,
  • irregularidad en el rendimiento,
  • debilidad en el mando técnico.

En España:

  • paro estructural elevado, especialmente juvenil,
  • niveles preocupantes de pobreza,
  • sanidad tensionada con listas de espera prolongadas,
  • enseñanza que pierde exigencia,
  • justicia lenta y discutida,
  • deuda pública que supera el billón y medio de euros,
  • gestión de la inmigración sin previsión completa ni cifras plenamente claras,
  • gasto público con duplicidades, sobrecostes y despilfarros,
  • estructura territorial sobredimensionada,
  • proliferación de subvenciones sin control efectivo,
  • y, sobre todo, ausencia de responsabilidad real de quienes toman decisiones.

No es una suma de problemas aislados. Es un patrón.

III. La causa de fondo: gastar sin control, decidir sin responder

La raíz de la crisis no está en una ley concreta, ni en una medida aislada, ni siquiera en un gobierno determinado. Está en algo más profundo:

se gasta sin control suficiente, se decide sin responsabilidad clara y no ocurre nada cuando se falla.

Este es el verdadero cáncer del sistema.

Cuando el error no tiene coste, se repite.
Cuando la negligencia no se sanciona, se extiende.
Cuando la corrupción no se castiga con firmeza, se normaliza.

Y cuando todo eso sucede a la vez, el sistema no se derrumba de golpe: se degrada lentamente.

IV. El dinero público: el punto de ruptura

Toda esta situación tiene un denominador común: la gestión de los recursos.

España no es un país pobre. Pero sí es un país que gestiona mal parte de sus recursos.

  • contratos inflados,
  • obras con sobrecostes,
  • organismos duplicados,
  • administraciones superpuestas,
  • subvenciones concedidas sin control riguroso,
  • miles de municipios sin capacidad real de gestión,
  • estructuras autonómicas que multiplican gasto y fragmentan decisiones.

Más de 8.000 municipios —muchos de ellos inviables— y diecisiete administraciones autonómicas con competencias solapadas configuran un sistema que no sólo es caro, sino difícil de gobernar con coherencia.

El resultado es inevitable:

mucho gasto, poco control y responsabilidad difusa.

V. La solución que nadie quiere oír

No hay soluciones mágicas. Hay soluciones evidentes que exigen coraje.

  • eliminar despilfarros,
  • acabar con los sobrecostes en la contratación pública,
  • suprimir subvenciones innecesarias,
  • racionalizar la organización territorial,
  • recentralizar competencias básicas para garantizar igualdad y eficacia,
  • reducir estructuras administrativas redundantes,
  • y concentrar la contratación en un sistema único, claro y controlado.

Pero por encima de todo, hay una medida imprescindible:

establecer una ley real de responsabilidad de gobernantes y empleados públicos.

Una ley que garantice:

  • que cada decisión tenga un responsable identificable,
  • que las malas decisiones tengan consecuencias,
  • que la negligencia grave se sancione,
  • que el daño al erario se repare,
  • que quien gestione mal no pueda seguir gestionando.

En términos sencillos:

quien decide, responde.

VI. Sin responsabilidad no hay cambio

Sin prevención, el sistema se repite.
Sin control, el sistema se desvía.
Sin sanción, el sistema se pudre.

No basta con proclamar transparencia. No basta con crear organismos de control que nadie teme. No basta con anunciar reformas que no se aplican.

Hace falta algo más incómodo:

consecuencias reales.

Y eso implica tocar intereses, romper inercias, acabar con privilegios y asumir conflictos.

VII. Molowny o Mourinho: el dilema final

Llegados a este punto, la comparación con el Real Madrid ofrece una enseñanza clara.

Existen dos formas de corregir una institución en crisis.

La primera es la de Luis Molowny: restaurar el orden desde dentro, con autoridad aceptada, conocimiento de la casa y sin romper el sistema.

La segunda es la de José Mourinho: imponer el orden desde fuera, con decisiones duras, enfrentamiento con los privilegios y voluntad de asumir el coste del conflicto.

La elección no es estética. Es funcional.

si el sistema aún puede corregirse a sí mismo, bastará un Molowny;
si no puede, acabará necesitando un Mourinho.

VIII. ¿Quién le pone el cascabel al gato?

Aquí reside la verdadera dificultad.

Todos identifican los problemas.
Muchos los denuncian.
Pero pocos están dispuestos a asumir el coste de resolverlos.

Porque resolverlos implica:

  • reducir gasto político,
  • eliminar redes clientelares,
  • simplificar estructuras de poder,
  • exigir responsabilidades personales,
  • y aceptar que no todo puede mantenerse.

Y eso no se hace sin resistencia.

IX. Conclusión: dejar de perder por dentro

España no está caída, pero tampoco está bien gobernada en aspectos esenciales. Y eso, a largo plazo, es insostenible.

El Real Madrid enseña una lección sencilla: antes de aspirar a grandes victorias, hay que ordenar la casa. Lo mismo ocurre con un país.

antes de ganar, hay que dejar de perder por dentro.

Y para eso no hacen falta discursos brillantes ni teorías complejas.

Hace falta algo mucho más simple —y mucho más exigente—:

  • orden,
  • claridad,
  • disciplina,
  • responsabilidad.

Porque sin responsabilidad no hay buen gobierno. Y sin buen gobierno, no hay país que resista.