Sr. Director:
Pese a los continuos avisos del progresismo, no fuimos capaces de percatarnos de la honda amenaza contra la democracia que se estaba gestando en las entrañas fascistas con la proclamación de un mensaje tan tremendo como el de la prioridad nacional. Es decir: ¡que en España tengan prioridad los españoles sobre los ciudadanos de otras naciones, incluyendo a los cientos de miles de «migrantes» que se introducen en nuestro suelo saltándose nuestras leyes! ¡Hay que tener un corazón muy estrecho para defender algo asín! ¿Adónde nos quieren llevar y qué se pretende con eso de la prioridad nacional? ¿A que los españoles sean atendidos con preferencia a los extranjeros en los servicios sanitarios, en la educación, en las ayudas sociales, en la adjudicación de viviendas, etc.?
Estamos sin duda ante una crueldad inédita, nunca vista ni oída en ningún tiempo y lugar. ¡En España, los españoles primero y antes que los de otros países! ¡Qué ignominia, qué injusticia, qué crueldad, qué falta de solidaridad, qué atentado contra el progresismo! ¿Pero qué país es capaz de obrar así? La propuesta alcanza tal gravedad, que se comprende que sólo con oírla resulte insoportable para nuestras fuerzas de progreso, tan generosas siempre con la disposición de los bienes ajenos. ¡En España un español antes que un extranjero! Si al menos esa prioridad fuese sólo para socialistas, progresistas y demás amiguetes, como nos tienen ya acostumbrados...