Rasgose el velo de la vida,
con la muerte que al hijo se llevaba.
Más aquella muerte que rasgaba
aquel velo, abría otro camino,
ampliando el horizonte de quien
miraba, a través de la cortina,
que ya, no acortaba su mirada.
Velo que la muerte desgarra,
ya no hay símbolos,
ya no hay ritos,
y puede ver el rostro cara a cara,
de aquel a quien el velo ocultaba.