Nunca habrá mayor Pasión
en todo el Universo,
que la de un Dios encarnado,
en una cruz clavado;
a quien le mata perdonando,
y a la entera humanidad
de su caída levantando,
y redimiendo.
 
Ante tamaño sufrimiento,
no solo el corazón padece;
que al alma transciende
amor tan grande, pleno,
por cuyo rescate, Él,
está muriendo.
 
Pero al igual que lo contempla,
y con él sufre y se desgarra,
una luz indescriptible,
un camino le muestra,
al final del cual,
después de la pasión,
del infinito abatimiento,
encontrará resucitando
un nuevo nacimiento,
y a su verdadero ser,
volviendo.