El ánimo constante, capaz de sobrellevar
sin desesperanza ni desánimo,
al alma este fruto otorga,
y el corazón con amor soporta,
las permitidas o queridas dilaciones,
que la providencia divina dispone.
Antes que con cuerpo y alma
se puedan alcanzar las metas,
por Voluntad de Dios propuestas.
Al alma al convencimiento lleva
de que si pone los medios,
si hay lucha austera,
en ella y alrededor de ella
se realizarán los designios,
de la divina providencia.
A pesar de los obstáculos
que encontrar pueda,
a pesar de sus flaquezas,
y aun de sus mismos errores y pecados
que por debilidad cometer se puedan.