Sr. Director:

Existe un pluralismo social positivo cuando se exponen ideas o se manifiestan formas de pensar con plena libertad y respeto hacia los demás a la vez que se acepta la existencia de una reciprocidad mutua. Esto en gran medida se debe a la utopía de las democracias modernas. Decimos utopía porque, desgraciadamente, se puede advertir que se violentan frecuentemente estas reglas del pluralismo, se falta al respeto y se quieren imponer, y no exponer, ideas o actitudes de forma agresiva o de forma mezquina e interesada bajo el escudo del pluralismo. Es en este punto donde puede intervenir también el relativismo: actitud de aquel a quien nada le importa, para entenderse valga la expresión vulgar, un comino. La voluntad de los hombres sin principios fundamentales es tornadiza en aras de unos intereses espurios y particulares. Y el pluralismo mal entendido puede conducir al relativismo.

El Papa Benedicto XVI apelaba a esos principios fundamentales, a la moralidad de los actos, para moverse en el campo social o político y desenvolverse adecuadamente y con rectitud: “La fuerza moral no ha crecido en paralelo al desarrollo de la ciencia, sino que más bien, ha disminuido, porque la mentalidad técnica ha relegado la moral al ámbito subjetivo”. Y a este subjetivismo es al que debemos sobreponernos y elevarnos porque tenemos los medios para ello. No podemos permanecer indiferentes. No es válido, pues, el pluralismo, el diálogo desinteresado, el llegar por relativismo a una concordia sin más cuando medien temas morales porque se podría concluir en un acuerdo que conllevara la aceptación de una grave inmoralidad y existen ejemplos notorios sobre ello en la historia reciente. Hay que llegar a un acuerdo donde brille la más profunda verdad sin ambages de ningún tipo.