Sr. Director:
En los años de la amenazante URSS, la falsedad del doble discurso comunista caracterizaba su propaganda política. Ellos, que se armaban hasta los dientes con elevadísimos gastos militares, que imponían en sus paraísos socialistas un severo servicio militar obligatorio a unos súbditos que mantenían encerrados tras muros de vergüenza; que no reconocían los derechos humanos en sus repúblicas populares... Sin embargo lanzaban en Occidente soflamas plenas de reivindicaciones pacifistas, humanistas y buenistas; discursos pro desarme, contra la OTAN, contra la «mili» y contra todo lo militar. Nadie había más sensibles que los comunistas para denunciar vulneraciones de derechos humanos... en los países no comunistas.
Pero sucede que ahora, más de cincuenta años después, padecemos discursos peligrosamente similares. Procedentes de países donde se rechaza la práctica de la religión cristiana y la cultura occidental, sus leyes y costumbres; donde no se reconocen derechos y libertades fundamentales y las mujeres son gravemente discriminadas... Sin embargo, no cesan de quejarse y exigirnos un sagrado respeto hacia su religión, cultura, leyes y costumbres que chocan frontalmente con las nuestras. Se diría que utilizan la tolerancia de Occidente, para acabar con la tolerancia y con Occidente. Y quizás sea por esto, por lo que cuentan con el apoyo incondicional de los herederos de aquellos mismos que nos demostraron sobradamente que dominaban el juego del doble discurso.