Ocurrió cuando Felipe González era presidente del Gobierno y Carlos Garaicoechea, lehendakari.
El sevillano intentó que el vasco se sincerara:
-Dime, Carlos, ¿hasta donde queréis llegar?
La respuesta fue:
-Presidente, esto es un proceso histórico.
Fue en ese momento donde González rompió definitivamente con el PNV aplicando la vecina norma: siéntate a tu puerta y verás pasar el cadáver de tu enemigo.
Y es que la indiferencia entre Felipismo y Zapaterismo o Sanchismo no es moral ni ideológica: sencillamente, el primero cree en la unidad de España, el segundo y el tercero consideran que la unidad de España reduce sus posibilidades de mantenerse en el Gobierno el mayor tiempo posible.
El delirio independentista vasco no es propiedad de Herri Batasuna, hoy Bildu, sino del burgués Partido Nacionalista Vasco (PNV), de la misma forma que el delirio nacionalista catalán no es producto de la izquierda radical de ERC; sino de la burguesía catalana con Convergencia. Lo que pasa es que Bildu (y la ERC del hoy alabado Luis Companys, les da por el asesinato mientras los burgueses aprovechan que los violentos menean el nogal para recoger las nueces).
Pero el origen de los asesinatos de Luis Companys en el periodo 1931-1939 o de Batasuna durante la transición a la democracia iniciada en 1975 está en la burguesía independiente vasco-catalana.
E insisto; aquellos polvos trajeron estos lodos: el independentismo burgués del PNV se convirtió en Euskadi en los asesinatos de ETA, cuyo partido político es hoy, Bildu.
¿Era Carlos Garaicoechea un asesino? No, pero su independentismo propició los asesinatos de Bildu.
Sencillamente.