Liberalismo no es librecambismo sino defensa de la propiedad privada pequeña y, a la postre, defensa de lo pequeño frente a lo grande. Ahí radica la diferencia entre liberalismo económico y capitalismo, según la genial sentencia de Chesterton: ¿qué más me da que toda las tierras del Condado sean del Estado o pertenezcan al Duque de Wellington? El caso es que no son mías ni están repartidas.

Europa ha firmado un acuerdo de libre comercio con Mercosur y con la India. Ahora bien, Europa no debe fardar de liberal por abrirse a Iberoamérica o a India. Lo hace a favor de los mercaderes y de los industriales... y en contra de los agricultores y, en general, de todo lo pequeño.

Al final, el arancelista Trump va a tener razón. Así es como hay que contestar a sus aranceles empleados como arma, ciertamente, pero quede claro que librecambismo no es meter la zorra en el gallinero. Y, desde luego, no es lo mismo un acuerdo de comercio con una democracia como Estados Unidos que con una tiranía como es la India y, sobre todo, China.