El Papa, en la convicción de que la oración es omnipotente, anima a los católicos a rezar por una intención anual y otra mensual.
Ha comenzado el mes de julio y León XIV propone a los católicos rezar por el derecho a la vida, por el respeto y la protección de la vida humana en todas sus etapas, es decir, desde la concepción hasta la muerte natural.
Este Papa ha resucitado la mayor batalla de los tiempos modernos, la matanza silenciosa, el gran matadero. León ha resucitado la batalla que nunca debió cesar, contra el aborto en todas sus formas, el más abominable de todos los crímenes y marca de fábrica del siglo XX y XXI.
La normalización ha llegado a tal extremo que habrá que recordar lo que sólo Hispanidad y algún otro chalado recuerda: la verdad incontrovertible de que todos los anticonceptivos que se expiden hoy en el mercado son potencialmente abortivos: actúan tanto antes como después de la concepción.
Eso significa que el crimen del aborto no sólo es el abominable sino el más habitual, es un crimen silencioso también para muchos que lo perpetran y no se sienten culpables porque ni tan siquiera saben lo que están haciendo.
Repitamos: todas las píldoras anti-baby que se venden hoy en la farmacia son potencialmente abortivas: actúan antes, pero también después, de la concepción. Es decir, que contracepción y aborto han pasado a ser lo mismo
En todo caso, León XIV ha puesto el aborto en el proscenio, ¡Bien por el Papa León! Y cuando la Iglesia se lanza a la batalla por la vida entonces la única arma que le queda al Nuevo Orden Mundial es silenciarla, porque no hay argumentos lógicos, ninguno, a favor del aborto.
Por eso, el pasaje menos citado del discurso de León XIV en el Congreso de los Diputados de España fue precisamente ése: la vida es sagrada desde la fecundación misma hasta la muerte natural.
Volvamos al Papa: Léon pide que recemos por la vida, el don más preciado que Dios ha regalado al hombre.
Y como lo natural no se eleva a sobrenatural acaba en antinatural, recordemos que ese don de la vida no es negociable. Los regalos se agradecen: ni se roban ni se destruyen.