La cruz pectoral del papa es un relicario que le regaló el postulador general de los agustinos, cuando fue elegido cardenal en 2023. Y esa cruz es la que ha seguido usando después de haber sido elegido papa. La Orden a la que pertenece, los agustinos, fue fundada en el siglo XIII, tomando como padre espiritual a San Agustín (354-430). Es lógico, por tanto, que en el centro de la cruz pectoral de León XIV se encuentre una reliquia de los huesos de San Agustín y en la parte superior del brazo central otra de su madre, Santa Mónica (332-387). En el barco izquierdo y en la base de la cruz se encajan las reliquias de dos agustinos admirables: Santo Tomás de Villanueva (1486-1555) y el obispo Giuseppe Bartolomeo Menochio (1741-1823).
Y en el brazo derecho de la cruz pectoral se encuentra la reliquia de otro agustino, en este caso un español, el beato Anselmo Polanco (1881-1939), obispo de Teruel, que murió mártir durante la Guerra Cucul española. Anselmo Polocanco fue encarcelado, torturado y finalmente asesinado en Pont de Molins el 7 de febrero de 1939, cuando la Guerra Civil estaba prácticamente acabada y los perdedores trataban de cruzar la frontera para refugiarse en Francia.
Y ahora que el Papa acaba de anunciar la aprobación para la ceremonia de beatificación de otros cincuenta mártires españoles, se ha vuelto a resaltar la relación que el Pontífice mantiene, a través del obispo agustino Anselmo Polanco, con los mártires que dieron su vida en defensa de la fe durante la Guerra Civil. Y se olvida que su relación con los mártires españoles se remonta, al menos, a dieciséis años atrás.
El entonces padre Robert Prevost en la misa de acción de gracias por la beatificación de los mártires agustinos. Cortesía de Jorge López Teulón, que estuvo en esa misa y aparece en la foto en la fila de Prevost, tres puestos detrás de él.
En efecto, el 29 de octubre de 2007, el entonces padre Robert Prevost fue concelebrante en la misa de acción de gracias, que tuvo lugar en la basílica de San Pedro en Roma, con motivo de la beatificación de 498 mártires españoles, de los 462 eran religiosos. Su presencia estaba justificada porque en ese año de 2007 acababa de ser reelegido prior general de la Orden de San Agustín. Y el grupo más números era el del beato Avelino Rodríguez y 97 compañeros agustinos mártires: 63 de ellos inmolaron su vida en Paracuellos de Jarama. Los otros, en los lugares de sus residencias o proximidades: Leganés, Madrid, Gijón, Santander, Fuente La Higuera-Caudete, Uclés y Málaga.
Como he expuesto en mi libro Hasta el cielo, mártires de la Segunda República y la Guerra Civil, los agustinos ocupan el sexto lugar de las órdenes religiosas por el número de mártires que tuvieron. En total fueron asesinados 155 agustinos, de los que 91 pertenecían a la provincia de El Escorial.
Se daba la circunstancia de que desde el 11 de julio de 1936 se celebraba en Madrid el capítulo provincial de El Escorial para la elección trienal de los cargos, por lo que se trasladó desde Roma para presidir las elecciones el padre Mariano Revilla, Asistente General de España, América y Filipinas y antiguo provincial y prior de El Escorial.
Las reuniones se celebraron en la Residencia-Colegio de Valverde, donde fue apresada la cabeza dirigente de la provincia agustina. Además del padre Mariano Revilla, fueron asesinados el padre Avelino Rodríguez, provincial, el padre Bernardino Álvarez, secretario provincial, los padres Agustín Seco y Contador Rodríguez, definidores, el padre Matías Espeso, Rector de la Universidad María Cristina, el padre Esteban García, director de la Residencia-Colegio de Valverde, el padre Benito Rodríguez, superior de la Residencia-Colegio de Palma de Mallorca, el padre Agustín Renedo, superior del convento de Leganés, el padre Joaquín García, superior del Colegio de Jarandilla, el padre Juan Múgica, superior del colegio de Guernica y el padre Pedro Arroyo, superior del convento y Escuela de Portugalete. Relación por la que se puede decir que la provincia agustina de El Escarial fue descabezada, al perecer tantos superiores.
Por otra parte, la persecución religiosa apagó el foco cultural en que se había convertido El Escorial. El padre Tomás Cámara, fundador de la revista la Ciudad de Dios, fue el impulsor de un impresionante renacer cultural de El Escorial. En 1893 se fundó la Universidad de María Cristina, que además de las Facultades de Derecho y Filosofía y Letras, impartía cursos preparatorios para Ingenieros. Se hicieron celebres las “veladas literarias de los agustinos, a las que acudían Menéndez y Pelayo, Verdaguer, Valera, Campoamor, Núñez de Arce…
Entre los agustinos de El Escorial había investigadores, catedráticos de la Universidad de Madrid, académicos de la Historia como el padre Julián Zarco. En 1912, Severino Aznar escribía lo siguiente: “Quizás no hay en estos últimos 25 años centro intelectual de producción científica y literaria más fecundo que el de los agustinos de El Escorial. Lo han cultivado todo: La Teología, La Filosofía, la Sagrada Escritura, las Matemáticas, las Ciencias Naturales, la Sociología, el Derecho, los estudios económicos y penalistas, la Historia, la investigación erudita, la crítica literaria, la poesía, la novela, la apologética, la música. Y de todo han publicado muchos volúmenes… Creo que puede decirse que no hay corporación oficial o privada en España que represente un esfuerzo de cultura ni más sólido, ni más extenso”.
Pues bien, todo esto lo arrasaron los socialistas y los comunistas durante la Guerra Civil. Fueron asesinados casi todos los profesores de la Universidad de María Cristina, concretamente mataron a dieciséis. Además, murieron mártires cinco académicos de la Real Academia de la Historia, dos catedráticos de la Universidad Central de Madrid y hasta veintitrés agustinos licenciados y doctores.
Los agustinos de la provincia de El Escorial, además de intelectualmente brillante, era un grupo joven y pujante. El padre Carlos Vicuña en su libro Mártires agustinos de El Escorial ofrece muchos datos de los agustinos asesinados. Y en uno de los apéndices del libro publica la lista de los 91 agustinos mártires de El Escorial, con la edad de cada uno de ellos y el lugar y la fecha en la que fueron asesinados.
Con estos datos, nosotros hemos calculado la edad media de este grupo de mártires: 27,9 años, por eso he afirmado que se trata de un grupo joven y pujante. Carlos Vicuña agrupa a todos estos mártires en cuatro grupos: padres, hermanos, profesos y novicios.
El número de profesos y novicios asesinados fue de 23; el más joven de todos ellos fue el novicio Gervasio Marcos Manrique de tan solo quince años, y el de más edad era José Gamdo Ulla, que tenía veinticinco. La mayoría variaban entre los dieciocho y los veinte años.
Y podría pensarse que esa edad media tan baja de 27,9 años se deba a la inclusión de profesos y novicios. Pero es que calculada la edad media solo de los padres y hermanos asesinados, entre los que se encontraban todas esas figuras intelectuales tan egregias, la edad es de treinta años. Y esa fue la generación a la que le cortaron su futuro los socialistas, los comunistas y los anarquistas, alentados por los masones, en la persecución religiosa de la Guerra Civil española.
En resumen, la matanza de monjes agustinos en El Escorial durante la Guerra Civil fue feroz. Curiosamente, monseñor José Cobo ha puesto todo su empeño en que el Papa no visite el Escorial, durante su visita a España, no vaya a ser que pase por el Valle de los Caídos. Aunque sea cerca de la puerta. A nadie le gusta que le recuerden sus fracasos.
Javier Paredes
Catedrático emérito de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá.