Los 402.000 islandeses votaron el sábado sobre reabrir o cortar las negociaciones para entrar en la Unión Europea. Por la mínima (ganó un 52,8% partidario del 'no' a Europa) lo que vuelve a plantear la legitimidad de los referendums ganados por la mínima, así como su periodo de vigencia (suelen carecer de fecha de caducidad).
El principal argumento del 'no' islandés fue la pesca. No quieren perder soberanía sobre sus peces. Es una razón de peso.
Pero el referéndum islandés refleja otra nota: hasta en Islandia, un país diminuto en materia de población, también se ha mostrado la diferencia entre el mundo urbano y el rural. Los de Reikiavik se han mostrado mucho más partidarios de la entrada en Bruselas. Los del campo han dado un 'no' rotundo.
El mundo rural ha preferido mantener su soberanía, sospecha que la burocracia bruselina se la puede jugar... no sé por qué puede pensar eso.
Lo dice servidor, que, a pesar de los pesares, continúa creyendo en el proyecto europeo, aunque reconozco que cada día me cuesta más. Algunos nos hemos quedado en Robert Schuman.
Digo que la lucha entre el mundo rural y el urbano, en un mundo de megaurbes, es constante. Hasta en Islandia. El espejismo de las grandes urbes como lugares civilizados y de progreso, cuando lo cierto es que constituyen un poderoso elemento de deshumanización, no son otra cosa que el pulso más determinante en la historia de la humanidad, el que se libra entre lo grande contra lo pequeño. Y no olviden que lo grande no sólo trata de fagocitar a lo pequeño sino que, además, lo grande siempre resulta ingobernable. Su pretendida eficiencia no es más que un espejismo que, a cambio de sobrevivir, te exige tu libertad y con ella, pierdes el alma.
Volvamos a Islandia. Si al fracaso de la isla helada, que no quiere entrar en la Unión Europa, le unes el Brexit, alguien debería concluir que, o bien la UE regresa a las raíces cristianas de Europa, o simplemente desaparecerá. O lo que es lo mismo: se quedará en un aparato burocrático, tan inútil y peligroso como oneroso. Aquí sí que puede repetirse el viejo tópico de que España, será cristiana o no será. A lo mejor acaba siendo islámica o simplemente ignorante, quiero decir agnóstica.