Sr. Director:
El otro día vi en un restaurante una familia, los padres y dos niños de ocho y diez años. Los cuatro pendientes de sus móviles no se dirigían la palabra. Pero lo peor es que los niños apenas habían probado bocado, sosa que a sus padres no parecía importarles nada. Aparte del daño que las pantallas pueden hacer a su vista y su intelecto, es que ni si quiera se preocupaban de que se alimentaran correctamente. La falta de relación entre ellos y con su entorno era evidente. Me imagino que debe ser un placer aislarse y no tener que pensar si tus hijos molestan. Pero es que los niños tienen que aprender a comportarse en un entorno social y recibir estímulos exteriores. De otro modo serán adultos maleducados y asociales.