Sr. Director: 

El fundamentalismo religioso es un riesgo de todas las religiones monoteístas del que no ha estado libre el cristianismo en algunas ocasiones muy limitadas de su historia; en la actualidad, después del Concilio Vaticano II lo ha superado en todos los órdenes: pastoral, teológico y eclesial.

El cristianismo, especialmente la Iglesia Católica, ha aceptado como principio básico el derecho fundamental a la libertad religiosa de los estados e individuos; la Iglesia siempre ha distinguido entre el pecado del pecador y quien lo comete. La Iglesia ha evitado un peligro evidente, como es el de identificarse con ningún gobierno ni partido político; otra cosa es la actitud de los partidos políticos en función de sus expectativas electorales, como se está viendo estos días aciagos en relación con el serio problema no por la emigración real y legal, sino con la emigración ilegal, en especial la de menores no acompañados en la que están implicados no sólo mafias que viven de la explotación de personas, sino que enfrentan a los partidos políticos que hacen causa común contra la Iglesia por las recientes declaraciones del Presidente de la Conferencia Episcopal, y sus afirmaciones sobre la libertad religiosa, como derecho fundamental que debe ser respeto en todos los países, lo que no sucede en algunos países islámicos en los que este derecho a la libertad religiosa no solo no se respeta , sino es prohibido y perseguido.

La Iglesia Católica no admite el fundamentalismo religioso, porque es contrario totalmente al mensaje de Jesucristo basado en el amor incluso a los que la persiguen y asesinan en nombre de otras creencias. El mensaje cristiano se extiende nunca por la violencia de la guerra ni santa ni profana, sino por el testimonio y la predicación: de hecho, los cristianos son hoy el grupo religioso más perseguido y martirizado por su fe. Jesucristo es un Maestro, que rechaza las armas, que guía a las muchedumbres con palabras y signos pacíficos: Jesucristo mismo fue víctima de fundamentalismos, del político romano y del religioso judío.

El islam se basa en la actitud guerrera del Profeta que funda un movimiento, basado en la conquista por las armas. El Corán ha sido dictado por Alá y le sirve al musulmán no solo como texto de meditación y oración, también bien de sumisión, para otros fines relacionados con el comportamiento cotidiano, familiar, civil, comunitario y político. Las prescripciones para la vida terrena incluso la llamada guerra santa es con frecuencia como llamada a la predicación, para obtener la vida celestial. Lo políticamente correcto del wokismo que presenta al islam como víctima es una clara hipocresía victimaria que no analiza el problema. El diálogo interreligioso es imposible cuando una parte afirma: esa es mi verdad y no la cambiaré nunca.