25 de marzo, Fiesta litúrgica de la Anunciación, conocida desde Argentina como la Fiesta del Niño por Nacer, porque, en efecto, se inicia, ese convivencia de nueve meses entre madre e hijo, que terminará el 25 de diciembre con el nacimiento de Cristo.
Pero el niño en el seno materno no piensa: sí, estúpido, no piensa, como no piensa cuando nace, como no piensa hasta que tiene uso de razón y en ocasiones mucho más allá.
Propongo al cardenal de Madrid: don José Cobo, debería convocar una Eucaristía por la vida, en la calle, el 25 de marzo
Días atrás, vivíamos la manifestación, una ve ignorada -mucho o poco- por los medios informativos, incluidos los católicos, contra el aborto y por el derecho a la vida. ¿Ya cuestión de derechas? Pues no sé yo: el PP, como partido político no estaba.
Es curioso, cuando hablamos de aborto, la ciencia dictamina, en sintonía con la Iglesia, con el cristianismo, que una persona comienza a existir cuando posee un código genético individuado, distinto de cualquier otro, también del código del padre y del código genético de la madre. Es decir, existe persona desde la concepción.
Dicho esto, la lucha contra el aborto continúa cuando ella y él participan del poder creador de Dios y estamos llamados a vencer.
¿Que no conviene unir la Eucaristía con la lucha por la vida? ¿Por qué, si ambas batallas parten del mismo principio: el amor de Dios por el hombre?
Propongo al cardenal de Madrid: don José Cobo, debería convocar una Eucaristía por la vida, en la calle, el 25 de marzo o el domingo más próximo. Igual que la que hacía su antecesor, Rouco Varela, a finales de año, festividad de la Sagrada Familia, una eucaristía sobre la familia.
¿Que no conviene unir la Eucaristía con la lucha por la vida? ¿Por qué, si ambas batallas parten del mismo principio: el amor de Dios por el hombre?
Que no pase el Día del Niño por Nacer, nueve meses antes de la Navidad, porque la batalla más dura que se libra hoy, en este mundo de guerras, es la batalla por la vida.