Sr. Director:
El cardenal Frank Leo, arzobispo de Toronto, ha enviado cartas al primer ministro canadiense y a los parlamentarios de la zona de Toronto, instándoles a apoyar el proyecto de ley C-218, conocido como Ley del Derecho a la Recuperación, que bloquearía la expansión del suicidio asistido a personas cuya única condición subyacente sea una enfermedad mental.
Según la legislación general vigente, la expansión de la asistencia médica para morir a personas con enfermedades mentales está programada que entre en vigor en marzo de 2027 en Canadá.
Es verdad, como afirma el cardenal, que una sociedad se juzga por cómo cuida a sus miembros más débiles o vulnerables. Desde el año 2016, casi cien mil vidas han terminado mediante la muerte médicamente asistida, pues los criterios de elegibilidad se han ido ampliando mucho más allá del marco original.
"Nuestra fe católica se opone a quitar cualquier vida, y es con gran decepción y angustia que hemos visto expandir en nuestro país la asistencia médica para morir a un ritmo rápido y alarmante (...) Les pido que elijan la vida y no la muerte; que ayuden a construir una civilización que cuide de quienes sufren y no los elimine, sino que los rodee de dignidad, compasión y amor (...) Merece la pena invertir en cuidados paliativos, apoyo a la salud mental y recursos para quienes se encuentran cada vez más marginados y aislados, especialmente las personas mayores y los canadienses con discapacidad"
El cardenal hace estas recomendaciones apelando a razones morales, éticas y espirituales profundamente arraigadas.
Nos enfrentamos, no sólo en Canadá, a una encrucijada: continuar por el camino del descarte o escuchar la voz de la Iglesia, que no cesa de recordar que todo ser humano merece ser acompañado y atendido en sus sufrimientos.
En España, el 26 de marzo del presente año, se aplicó la eutanasia activa a la joven Noelia Castillo. Noelia inició un tratamiento psiquiátrico a partir de los 13 años de edad, pues fue diagnosticada de trastorno obsesivo-compulsivo y trastorno límite de la personalidad. Estos trastornos coexistieron en un entorno que ella consideraba adverso y hostil. Noelia sufrió abusos y agresiones sexuales a lo largo de su vida y una violación múltiple que no llegó a denunciar antre las autoridades. Se precipitó desde un quinto piso y sobrevivió, pero el impacto le dejó una paraplejia y un dolor físico crónico que elevó su discapacidad reconocida al 74%.
En abril de 2024, Noelia pidió que se le aplicase la eutanasia. Murió el 26 de marzo alrededor de las 8 de la tarde, a causa de un paro cardiorrespiratorio provocado. Tenía 25 años y quisieron vendernos que se trató de una muerte natural.
Oremos y trabajemos por la vida y por la dignidad de todos los seres humanos, creados a imagen de Dios.