Enormes minucias
La guerra terrorista. Sólo creo en los testigos que se dejan matar
José Luis Panero
22/06/16 11:50
- Continuación de aquel otro, que nos recuerda que el mundo moderno no quiere maestros, sólo testigos (Pablo VI).
- Y de la vieja oración judía: "Te doy gracias, Oh Dios, porque tú también quieres aquello que está prohibido".
- El termómetro de violencia global está rozando unos límites que está llevando a la humanidad al grado de supervivencia.
Un majadero (¿O algo más?)
rellena un cinturón de arroz y galletas (
en la imagen) y anuncia que tiene un cinturón explosivo y que se va a hacer volar en nombre de Alá. Con un poco suerte, un policía no le atravesó la cabeza de un balazo, dado que como aseguran en Zaragoza, "a ningún por si caso le fastidiaron".Aunque algunos se empeñen en que no estamos en guerra y se escandalizan cuando
dice que la III Guerra Mundial ya ha comenzado. Sólo que se trata de una galaxia de conflictos esparcidos por todo el mundo. Sumadas las víctimas, nos encontraríamos con una parte de guerra más abultados que los de la
II Guerra Mundial, quizás con la excepción del 6 y el 9 de agosto de 1945.Porque
el majadero belga nos trajo de cabeza el pasado martes 21 de agosto porque el terrorismo es una guerra muy especial, parte integrante de ese III conflicto global en el que nos encontramos. El terrorismo representa el logro máximo del quintacolumnismo: no sabes dónde está el enemigo. Se esconde detrás de mujeres y niños, se confunde con el hacinado paisaje urbano.
Es posible que sea tu vecino.El terrorismo mata y, en el 'mejor' de los casos, se suicida matando.
Pascal sólo creía en aquellos testigos que se dejaban matar, no en los que se suicidaban ni en los que mataban al prójimo,
ni que se suicidaban y se llevaban por delante a media docena. (también es verdad que en tiempos de Pascal no habíamos alcanzado esos niveles de bestialidad).Y
Pablo VI añadía que el mundo moderno no admite maestros, sólo testigos. No lo decía con alegría sino que constataba un hecho. Pero
el asesino sólo es testigo de su crimen y no despierta adhesiones en quienes tiene el mismo ánimo homicida.Y todo ello me lleva la vieja oración judía: Te doy gracias, Oh Dios,
porque tú también quieres aquello que está prohibido. Sin negar el postulado primero, que el mártir muera, o mate, es cierto que lo prohibido, la muerte del hombre, que será vengada por Dios hasta en las mismas fieras,
lo cierto es que el termómetro de violencia global está rozando unos límites que están llevando a la humanidad al grado de supervivencia. Y eso puede convertir la legítima defensa en lo habitual. No es una perspectiva que resulte muy agradable pero es lo que hay.Y no lo olviden: aún hay algo más tonto que el exceso de alarma: la política del avestruz, hoy calificada por los políticos como "sensatez" y de "estabilidad".
Eulogio Lópezeulogio@hispanidad.com