• La depresión es una enfermedad clínica, la desesperación, una enfermedad moral.
  • A lo breve, cuando no se encuentra una razón para vivir.
  • Lo malo es que no hay estadística sobre patologías morales.
Ya saben el primer mandamiento de la ciencia de moda: las estadísticas: el 90% de ellas son mentira. Ésta también. Aunque mucho mejor es el de su disciplinada pareja, la contabilidad: una ciencia exacta porque dice exactamente lo que uno quiere que diga.Pues bien, aseguran las estadísticas que es la enfermedad más extendida en el mundo, la pandemia de las pandemias, la medalla de oro de los sufrimientos humanos es psíquica y se llama depresión. Vamos, que estamos ante una humanidad de agonías sin remedio.Y como el 90% de las estadísticas son mentira y dado que las estadísticas morales, no sólo no son falsas, sino que no existen, me permito marcar un 'pero': ¿Y si resulta que en tantas ocasiones lo que llamamos depresión no es más que desesperación?Porque entonces la solución no está en los ansiolíticos sino en otra cosa. Al desesperado sí podemos resumirle bien: es un señor que no encuentra sentido a la vida y claro, está hecho polvo. Recuerden a Viktor Frankl: "Quien tiene un porqué para vivir acabará encontrando el cómo". Al desesperado le falta un porqué para vivir y se desespera al no encontrar el cómo. Pero insisto: no hay que llevarle ante el psiquiatra sino ante el Sagrario. Tiene que saber de dónde viene y adónde va, porque sólo Cristo puede dar razón a su vida. Y entonces se cura, ya lo creo. Y, además, evita al psicólogo y al psiquiatra, lo que también es de agradecer.Pero por mucho Lexatin que le proporciones, si es desesperación y no depresión, poco vas a conseguir.Eulogio Lópezeulogio@hispanidad.com