Sr. Director:
El 19 de julio de 1981 fallecía José María Pemán en su casa de la plaza de San Antonio de Cádiz. Hasta unos días antes había estado dictando esos singulares artículos de los que era maestro único. Pemán habló y escribió con claridad, con verdad y con justicia, y por supuesto con amenidad, por encima de cualquier régimen político y a pesar de que la censura le prohibiera la publicación no de uno o dos artículos sino de un buen puñado de ellos. La memoria de Pemán permanecía en el grato recuerdo de tantos admiradores suyos cuando transcurridas varias décadas desde su muerte fue defenestrado y humillado injustamente por personas cargadas de vergonzosa e incalificable actitud, odio y envidia, ante la evidencia del renombre que Cádiz había adquirido merced a la popularidad y al ensalzamiento que Pemán supo hacer de su tierra. Gracias a Dios las aguas han vuelto a su cauce tras una laudatoria sentencia que condenaba y humillaba a los que pretendieron envolver el nombre de Pemán en una turbia y oscura nebulosa mediante un aciago procedimiento que vulneraba los derechos fundamentales.
Durante más de medio siglo fue autor teatral de éxito, poeta destacado, ensayista agudo, conferenciante indiscutible, guionista de TV inolvidable con “El Séneca” (todos los capítulos fueron intencionadamente destruidos del archivo por RTVE; nos quedan, sin embargo, los guiones ), siguen deleitando sus cuentos y novelas cortas, y sus sensacionales artículos siendo referentes del buen pensar y del buen decir. Una vez difuminados los nubarrones con los que algunos, ajenos e ignorantes a las tareas literarias, quisieron oscurecer su figura, la rica personalidad de Pemán vuelve a emerger y comienzan a reeditarse nuevamente sus obras, que ya se pujaban al alza en las librerías de segunda mano. Es la magia de los clásicos y es la entereza de una personalidad que defendió la concepción cristiana de la vida, los valores de la familia y el auténtico patriotismo.