Sr. Director:
En el presente curso pastoral 2025-2026, en los Seminarios de España se preparan para ser sacerdotes 1.066 jóvenes, treinta más que el curso anterior, lo que supone un incremento cercano al 3% y confirma cierta estabilización tras el declive sostenido que se registraba desde 2017.
La cifra incluye 854 seminaristas en los 67 seminarios diocesanos y 212 en los seminarios dirigidos por el Camino Neocatecumenal. A ellos se suman otros 110 seminaristas que cursan su formación en seminarios internacionales establecidos en España.
Nuestro país cuenta con 86 seminarios erigidos canónicamente, de los cuales 72 son diocesanos y 14 Redemptoris Mater. Sin embargo, cinco seminarios diocesanos carecen actualmente de seminaristas. Además, el número real de comunidades formativas es de 57, ya que algunos seminarios con pocos alumnos se han agrupado para potenciar la vida comunitaria y la calidad de la formación humana, intelectual, espiritual y pastoral, tal y como pide la Ratio fundamentalis institutionis Sacerdotalis de 8 de diciembre de 2016.
El seminarista se prepara para ser sacerdote al servicio de Cristo, de la Iglesia y de todas las almas.
La función propia del sacerdote dentro de la comunidad cristiana es manifestar la ministerialidad de la Iglesia, de manera que el sacerdote no debe acaparar ni sustituir los diversos ministerios de la comunidad, sino recordarlos, animarlos y estimularlos.
El sacerdote, gracias al sacramento del Orden recibido, queda configurado ontológicamente con Jesucristo Sacerdote y Buen Pastor, de suerte que puede obrar in persona Christi Capitis et in nomine Ecclesiae.
En la actualidad, en España contamos con 14.994 sacerdotes, 69 diócesis territoriales y el arzobispado castrense.
Existen 22.921 parroquias, 122 obispos, más de 30.000 religiosos/as, más de 80.000 catequistas, más de 34.000 profesores de religión, 599 diáconos permanentes, casi 10.000 misioneros/as y cerca de 8.000 monjes/as de clausura.
Los sacerdotes, como próvidos colaboradores de los obispos y en comunión con ellos y con el Papa, predican y enseñan la Palabra de Dios, presiden la celebración de los Sacramentos (algunos de los cuales sólo pueden presidirlos ellos: la Eucaristía, la Penitencia y la Unción de los enfermos) y guían a los fieles por el camino de la santidad.
Están llamados a ser santos y a hacerse todo a todos para ganar, sea como sea, a algunos.
Recemos por nuestros sacerdotes, por los seminaristas y sus formadores, por las vocaciones al sacerdocio y a la vida de especial consagración al servicio del Reino de Dios.