Es igual lo que diga: cuando don Fernando Grande Marlaska emite un juicio sabes que está mintiendo. Es inútil lo que diga: cuando la vicepresidenta del Gobierno y líder de Sumar, doña Yolanda Díaz, emite un juicio suena a la vanidad más ridícula y al patetismo más primario.
Ambos han emitido esta semana una novedad y un juicio electrizante. La fiscalía española, mismamente la española, va a investigar los crímenes de guerra del Gobierno de Israel en general y de Netanyahu, peligroso criminal de guerra, en particular.
Al parecer, si a don Pedro Sánchez le ha venido bien cargarse la vuelta ciclista a España y promocionar la violencia, en defensa de los gazaríes naturalmente, para que se olvide la corrupción que le rodea, al fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, a un paso del banquillo, también le conviene desviar sus cuitas forenses hacia Gaza.
En su socorro ha llegado Dolores Delgado, su antecesora en el cargo, cuyas polémicas han sido olvidadas pero que sigue siendo conocida en la Fiscalía como 'Lola la Loca'.
No necesito advertirles que don Benjamín está temblando.
Chesterton aseguraba que la modernidad no era otra cosa que viejas virtudes cristianas "que se han vuelto locas". Ejemplos varios: paz sin justicia, caridad sin verdad, perdón sin arrepentimiento, filantropía sin generosidad, ayuda al lejano y desprecio al vecino... todas ellas virtudes e ideas cristianas absolutamente enloquecidas e imposibles.
A ver, la fiscalía española no puede hacer nada por Gaza. Y aunque pudiera empitonar a Netanyahu tampoco eso serviría para arreglar la tragedia de Gaza. Lo de Dolores Delgado y Álvaro García Ortiz sólo es una pose para situarse en el proscenio y convertirse en el centro de atención de todos los despistados y, de paso, para que se olviden sus pecados.
Lo que sí puede hacer Occidente es encarcelar a Hamas por asesinar, secuestrar, violar y degollar y presionar a los gazaríes para que no se dejen gobernar por esos canallas. Y también: presionar a Netanyahu porque, repetimos: los palestinos primero golpean y luego se esconden detrás de sus hijos pero los judíos no pueden matar a esos hijos porque son inocentes.
Nos sobran poses o, como se dice ahora, postureo.