Todo lo que el Papa dijo en la Vigilia de Oración por la Paz del pasado viernes/sábado, debe ser meditado, recordado y, al menos por los católicos, debería ser asumido. 

Donald Trump, sin embargo, se lo tomó por la tremenda y aseguró que el Pape era débil. No, el presidente norteamericano no está loco ni es un frívolo: es un tipo inteligentísimo y muy capaz... además de un bocazas un presumido insufrible, Hombre Donald, no digas estupideces. Llamarle débil al Papa es hablar como Stalin, quien se preguntaba por el número de divisiones acorazadas que tenía el Vaticano.

 

 

 

El Papa, Donald, igual que tú si quisieras, aunque algo más por razón de cargo, posee la fuerza invencible de la gracia de Dios. O sea, mister Trump, que deje de decir estupideces sobe el Papa. 

Insisto, las palabras de León XIV en la Vigilia por la Paz, con todo lo que conllevaron durante el pasado fin de semana, las suscribo por entero pero con un 'pero', sólo uno: su alusión al multilateralismo. Una alusión que contradice su respuesta a Donald Trump: yo me dedico al evangelio.

Por ahí no, por favor, Santidad. El multilateralismo no figura en el Evangelio y si en la boca política, de la degeneración progresista europea. El Sanchismo, mismamente. 

Multilateralismo es igualar el bien y el mal, lo cierto y lo falso, lo bello y lo feo. Si el Occidente cristiano se enfrenta al Oriente panteísta, lo primero, sí, es evitar el enfrentamiento, pero dejando claro que no se pueden igualar ambas doctrinas ni normalizar lo malo como bueno: en la civilización cristiana occidental radica la verdad y, por tanto, su opuesto panteista oriental, la mentira. 

Y sí, el islam no deja de ser una caricatura del cristianismo con tintes panteístas. Desde Avicena y Averroes hasta nuestros días.

En todo caso, homologar el bien con el mal resulta antievangélico: Yo soy el camino, la verdad y la vida.