Sr. Director:
A veces me tiembla ligeramente el pulso cuando escribo la palabra “familia”, como si fuese un anacronismo, una palabra ya en desuso. La familia, ¿qué es eso? Hijos, ¿para qué?... El recordado Papa San Juan Pablo II manifestó con certera claridad: “La comunión del hombre y la mujer en el matrimonio responde a las exigencias propias de la naturaleza humana y es, a la vez, reflejo de la bondad divina, que se manifiesta como paternidad y maternidad”. Es una lamentable y triste realidad que a nadie sorprende: existe una crisis de la familia. Crisis debida a varios factores entre los que descuellan los feroces ataques contra el matrimonio de uno con una para siempre. E igualmente y en la misma intensidad sobre el tema demográfico. Es un giro forzado e interesado el que se quiere imprimir a la claridad y simplicidad de la ley natural que comprende a toda a la humanidad. Y es que el egoísmo y la arbitrariedad están predominando sobre la sensatez e incluso sobre el sentido común y ello conlleva de manera palpable e irremediable al desorden familiar: al desquiciamiento de padres e hijos con situaciones a veces trágicas. Y de esto no se hacen mucho eco los medios. Aunque luego, estos patéticos sucesos, acaban apareciendo anónimamente en las estadísticas.
También Benedicto XVI recalcaba estas ideas en el año 2008: “A menudo, las leyes buscan acomodarse más a las costumbres y a las reivindicaciones de personas o de grupos particulares que a promover el bien común de la sociedad. La unión estable entre un hombre y una mujer, ordenada a construir una felicidad terrenal, con el nacimiento de los hijos dados por Dios, ya no es, en la mente de algunos, el modelo al que se refiere el compromiso conyugal. Sin embargo, la experiencia enseña que la familia es el pedestal sobre el que descansa toda la sociedad”. Así, pues, destruida la familia destruida la sociedad. Esos son los términos en los que nos movemos actualmente mientras no exista una seria actitud de rectificación y acogernos nuevamente a la proverbial sentencia: familia feliz, sociedad floreciente.