Gran polémica por el partido de fútbol en las selecciones de España y Egipto, en Cornellá. Las palabras de Diego Simeone, el Cholo, fueron éstas y conviene escucharlas: "Yo creo que es social y es mundial, no es ni de España, ni de Argentina, ni de Brasil, ni de ningún lado. Es social. El respeto se perdió hace varios años, el respeto que teníamos a los padres, al maestro del colegio, a la policía, al director general de un club, al entrenador, a los presidentes... Hoy se perdió y no lo tenemos. Tenemos que trabajar todos con la conciencia y la visualización de que con fe, creyendo en Dios y sabiendo que el camino es creer, se puede mejorar", declaró en rueda de prensa.
En efecto, la falta de respeto al superior -no porque haya nacido superior a ti sino porque siempre hay alguien superior a ti- se ha perdido, asegura el Cholo que eso sólo se arregla rezando.
Pues aunque parezca que ha cambiado de cena, el entrenador del Atlético de Madrid tiene razón: sólo la existencia de Dios permite justificar una norma moral objetiva y sólo una norma de conducta aceptada por todos, conforme al sentido común universal, también conocido como ley natural. Y esa normal moral implica respecto a la excelencia y emulación del excelente, como sólo la soberbia destruye el respeto a toda superioridad.
Ahora bien, volviendo a los gritos de "musulmán el que no vote" escuchados durante el partido de fútbol entre las selecciones de España y el rasgado de vestiduras. Insisto en que no es para tanto pero, sobte todo, resulta que el grito de musulmán en que no vote se ha interpretado como una muestra de racismo. ¿Qué racismo? El islam no es un raza.
Y por cierto, Lamine Yamal: el ignorante eres tú, Lamine. ¿Qué puñetas tiene que ver clamar contra una religión con el racismo? ¿Acaso todos los musulmanes son negros y todos los negros son musulmanes?
Y lo más grave, la hipocresía: nadie se altera porque entre el público de la alabada Rosalía siga el ejemplo de nuestra macarra-porno y ofenda a los católicos que acuden a sus conciertos disfrazados con hábitos religiosos rijosos.
Sí, repito: Rosalía tiene una gran voz, que aprovecha para lanzar espectáculos propios de una macarra pornográfica. Y encima, disfrazada de monja un poco guarra. Eso sí es una ofensa al cristianismo. Y no, tampoco es racismo.