Ceuta ha sido el objetivo de una repugnante invasión marroquí de España, utilizando a civiles, tanto marroquíes como subsaharianos, a los que se les prometió, una vez, más que desde Ceuta saltarían a la península sin ningún problema.
La inmensa mayoría de los entrantes son musulmanes. Los progresistas aseguran que lo que hay que hacer es integrarles. Desde luego.
Ahora bien, los dos principales instrumentos de integración del inmigrante son la religión y la lengua. Para integrar en España a los musulmanes llegados de África hay que enseñarles el idioma español y hay que convertirlos al cristianismo. Forzoso lo primero, libre lo segundo, pero en ambos casos con mucho entusiasmo.
De hecho, me sorprende que ningún miembro de la jerarquía eclesiástica española haga mención a la evangelización de los musulmanes. Entiendo que pueda resultar peligroso, dado que el islam castiga la apostasía con la muerte (son así de tolerantes) pero el martirio nunca ha asustado a los discípulos de Cristo, ¿verdad?
Pues en Ceuta tienen a Nuestra Señora de África, patrona de la ciudad, que bien puede convertirse -debiera- en el foco de la evangelización de los africanos.
¿Por qué casi nadie piensa en evangelizar a los musulmanes cuando hablamos de migrantes?