Sr. Director:

633 personas congregadas en torno a Berpiztu Kristau Taldea han firmado una carta conjunta pidiendo a Mons. Joseba Segura, obispo de Bilbao, la convocatoria de una Asamblea Diocesana en Bizkaia  "en clave sinodal codecisiva". Los firmantes expresan su preocupación por la situación que está viviendo esa Iglesia local y la percepción de que "no basta con mantener dinámicas puntuales de consulta, encuentros limitados o espacios parciales de escucha, con la esperanza de que todavía se está a tiempo de abrir un proceso eclesial más profundo, más amplio y más corresponsable, capaz de afrontar con verdad los desafíos de fondo de nuestra diócesis"

Piden al Sr. Obispo que  "permita al conjunto del Pueblo de Dios participar de manera real y codecisiva en el diagnóstico, la valoración, el discernimiento y la orientación del futuro de nuestra Iglesia en Bizkaia". Más adelante añaden: "Pedimos una Asamblea Diocesana codecisiva con una metodología clara, abierta y participativa; con capacidad de recoger la palabra de las comunidades, ministerios, movimientos, personas creyentes y realidades eclesiales diversas; y con voluntad efectiva de traducir esa escucha en decisiones y orientaciones para la vida diocesana".

Todo el mundo sabe que corresponde al obispo diocesano liderar este proceso para dialogar y ofrecer los argumentos sobre lo que se estime oportuno y discernir finalmente sobre lo aprobado. Los firmantes creen que este modo de proceder "permitiría avanzar hacia una Iglesia local más corresponsable, adulta y creíble. La sinodalidad no debería quedarse en lenguaje, sino que necesita cauces, estructuras y decisiones que hagan posible una participación efectiva del conjunto del Pueblo de Dios". Piden también "debatir y votar las propuestas que se estimen mejores".

Personalmente creo que conviene escuchar todas las voces y que el obispo es el máximo responsable de la diócesis. Si él cree conveniente y oportuno convocar dicha asamblea diocesana, que la convoque y que en ella puedan participar todos los miembros de la Iglesia diocesana que lo deseen, así como todas las realidades y movimientos cristianos de la diócesis.

Pero ha de quedar claro que la Sinodalidad incluye: comunión entre todos los miembros de la Iglesia, participación de todos, cada uno desde el puesto donde Dios le haya colocado, y misión compartida entre fieles laicos (varones y mujeres), miembros de la vida consagrada masculina y femenina, los diáconos, los presbíteros y el obispo diocesano.

Las asambleas diocesanas no tienen valor decisorio, sino deliberativo, participativo en todos los sentidos, lugares donde cada fiel o cada grupo de fieles pueden manifestar en voz alta los aspectos positivos y los negativos que ven en sus parroquias, movimientos, agrupaciones, en el conjunto de la diócesis, etc.

Después de rezar invocando al Espíritu Santo y de dialogar como verdaderos hermanos, uno ha de estar abierto a guardar silencio para poder escuchar a los demás y sobre todo para discernir lo que el Señor nos pide a cada uno personalmente y a todos como comunidad cristiana.

Quien decide, finalmente, es el Obispo diocesano, después de escuchar todas las voces.

En el fondo, ¿no están pidiendo la celebración de un Sínodo diocesano?