Sr. Director:
Sí, es casi una frase común que sin sacrificio no existe una vida lograda. Y la prueba y ejemplo más evidente lo tenemos en el campo deportivo, tanto a nivel personal como colectivo: ganar cuesta muchos previos entrenamientos.
Y aun así puede reconocerse también el esfuerzo máximo realizado y quedarse a las puertas de la meta soñada. Indudablemente con más profundidad y trascendencia que este aserto Benedicto XVI dirigió unas palabras a la juventud en el 2009: “Quien quiere tener su vida para sí, vivir solo para él mismo, tener todo en puño y explotar todas sus posibilidades, este es precisamente quien pierde la vida. Esta se vuelve tediosa y vacía”.
Sí, en efecto, la vida cómoda no es, no debe ser, el camino a seguir. Y este es uno de los grandes males que hoy en día se puede apreciar con nuestra juventud; no el único, pero sí muy generalizado. Hay, pues, que fomentar el abandono de sí mismo, no replegarse sobre sí mismo, mirar a nuestro alrededor y comprender que hay muchas personas a las que amar, ayudar y comprender. La generosidad, el compartir, siempre será una virtud actual y siempre habrá personas más o menos cercanas a las que poder ayudar a costa de nuestro esfuerzo porque así nuestra vida tendrá más sentido, será más lograda.
Es, ni más ni menos, lo que hicieron con nosotros. Si hacemos una introspección a nuestro pasado descubriremos, para propia vergüenza, tantos y tantos gestos desinteresados en favor nuestro que otras personas hicieron y que tal vez ni siquiera fuimos capaces de reconocer y agradecer considerando que era nuestro derecho. Es el remanente del egoísmo propio que aún perdura en nuestro interior y que hemos de sacudir a fin de ayudar a otros para que así nuestra vida sea realmente una vida lograda.