«Locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar que se produzcan resultados diferentes.» —Albert Einstein.
El curso escolar está a punto de echar a andar y, antes de que el calendario nos empuje sin piedad a las vacaciones navideñas (el tiempo corre que es una barbaridad), sería saludable que los «responsables» de diócesis y archidiócesis y la Conferencia Episcopal Española se detuvieran a afrontar una evaluación honesta: tras más de cinco décadas de profesores de Religión en la enseñanza primaria y secundaria, ¿qué frutos hay?, ¿qué se ha logrado?, ¿qué se nota?, ¿se han cumplido —siquiera mínimamente— los objetivos que se suponía se perseguían —y que, se supone, aún se pretenden—? Dicen que es de sabios rectificar. Para eso hace falta humildad, coraje y una pizca de vergüenza torera.
La pregunta incómoda: ¿para qué sirve la clase de Religión?
Llamemos a las cosas por su nombre, sin circunloquios ni eufemismos. «Al pan, pan; y al vino, vino». La finalidad de mantener profesores de Religión en escuelas e institutos era —es— que la Iglesia Católica conserve e incluso acreciente su influencia en una sociedad crecientemente secularizada. Porque sin el refuerzo comunitario —familia, parroquia, catequesis para la primera comunión— y sin la clase de Religión como apoyo estable, formar cristianamente a niños y jóvenes se vuelve una tarea casi imposible.
Ahora bien, si el «adoctrinamiento» (llamemos a las cosas por su nombre) fuera eficaz, se notaría. Si los alumnos de Religión Católica vivieran de forma perceptiblemente distinta —compromiso ético superior, testimonio público, hábitos morales coherentes, práctica sacramental— podríamos afirmar con rotundidad que «sirve». La realidad cotidiana dice lo contrario: no se aprecia contraste con quienes no cursan la asignatura.
Escuela en caída y fe en anemia: el doble fracaso
Cuando denunciamos que la enseñanza en España está «terriblemente mal», lo hacemos por hechos tozudos: adolescentes que concluyen la educación obligatoria con dominio precario de la lengua española (mala expresión oral, incapacidad de redactar, comprensión lectora deficiente), pésimos resultados en matemáticas, ignorancia de Historia y Geografía y dominio paupérrimo de idiomas extranjeros. Si a ese cuadro de anemia intelectual se suma una anemia espiritual —misa dominical vacía, confirmación rarísima, sacramentos desangelados— el veredicto es demoledor:fracaso también de la clase de Religión en su propósito evangelizador.
La epidemia del «católico no practicante»: moral gris y vida light
A la pregunta socialmente educada sobre las creencias, la respuesta estándar en España es:«católico no practicante». Oxímoron de manual. Como decir «soy demócrata, pero no practicante». ¿Entonces, qué eres? Nada sólido. La tibieza se exhibe como medalla de modernidad: pensamiento débil, relativismo, miedo al «qué dirán». Falta de valores firmes equivale a falta de personalidad. Quien conoce el bien —si ha sido educado en la virtud, en el pensamiento racional— debería enfrentarse a la vida actuando en consecuencia; actuar rectamente conlleva una forma de alegría estable, la paz de la coherencia. Lo otro es pura moral gris.
Al menos el ateo o el agnóstico suelen ser más coherentes consigo mismos. El «católico no practicante», en cambio, confiesa de facto que se avergüenza de lo que dice creer.
Mircea Eliade y el «eterno retorno» vaciado
Mircea Eliade explicó la vida humana como «eterno retorno»: regeneración constante, reactualización simbólica de lo sagrado. El año litúrgico repite realmente Natividad, Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. En España, esa rueda sagrada se ha vaciado: rituales sin contenido, ceremonias huecas, fiestas folclóricas que ya no tocan la vida. Se mantiene la cáscara; se pierde la semilla.
La responsabilidad eclesial: la familia como célula evangelizadora (olvidada)
La Iglesia enseña con claridad: la familia es la unidad básica de convivencia y de evangelización. En ella debe vivirse cristianamente; en ella asumen los cónyuges un compromiso de educación moral y religiosa de los hijos. La catequesis y la asignatura de Religión deberían reforzar y profundizar lo sembrado en casa. Si hoy no se nota, algo falla en cadena: hogar, parroquia, escuela.
¿Qué se «vende» en el aula? Manualidades, peliculitas y excursión
Quien conozca la realidad de muchas clases de Religión —primaria, secundaria, bachillerato e incluso en entornos universitarios— sabe que abunda el contenido “light”: audiovisual amable, actividades entretenidas, dinámicas simpáticas, excursión para los alumnos que no molestan. Unacatequesis de evanescente, como la espuma, que no forma criterios ni forja hábitos. Resultado: nada se solidifica; todo se evapora.
Jerarquía en clave woke: del Reino de Dios a la «casa común»
No es un problema de base únicamente pedagógica; también doctrinal y estratégico. En lugar derecentrar la misión en Cristo, la jerarquía eclesial ha ido entregándose a la agenda ideológica del momento: ecologismo fanático y panteísta, ideología de género, multiculturalismo indiscriminado, ciudadanía global, buenismo lacrimógeno. Se ha llegado a aplaudir que los ritos islámicos ocupen espacios públicos, mientras en muchos países de mayoría musulmana se persigue a los cristianos y se margina a mujeres y homosexuales. Tolerancia máxima hacia quienes persiguen al cristianismo; sumisión máxima a los dictados globalistas. La paradoja es insultante.
El «nuevo currículo» (curso 2025/26): un híbrido estéril
El currículo de Religión Católica para el curso 2025/26 consuma esta deriva: ideología de género entronizada, teología de la liberación reciclada, ecologismo fanático y panteísta en lugar de ecología humana, ecumenismo sin contenido, multiculturalismo como dogma, loas a la inmigración masiva y descontrolada, y derechos LGTBI+ revestidos de vocabulario cristiano… y Cristo relegado a figura decorativa. La «casa común» sustituye al Reino de Dios, la perdurabilidad (mal llamada «sostenibilidad») se redefine como catecismo civil, y el Génesis se reinterpreta culpando en exclusiva al varón de todo lo malo de este mundo, presente, pasado y por venir, dinamitando la complementariedad hombre-mujer que ha sustentado la educación cristiana y la evangelización familiar. Resultado: un híbrido estéril —como aquel experimento fallido de la teología de la liberación que intentó casar al cristianismo con su principal enemigo, el marxismo—: apariencia de renovación; infertilidad absoluta.
Pastoral familiar: oportunidades monumentales… desperdiciadas
El Directorio de Pastoral Familiar de la Iglesia en España (2003) sigue siendo de plena actualidad: proponía Centros Diocesanos de Orientación y Mediación Familiar, líneas claras ante rupturas matrimoniales (incluida la custodia compartida), acompañamiento integral, defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, formación afectivo-sexual con antropología cristiana. En plena crisis de la institución familiar —divorcios masivos que destrozan la vida de menores y adultos, natalidad ridícula, embarazos no deseados, cifras pavorosas de abortos— esos Centros tendrían demanda gigantesca y una capacidad real de evangelizar sirviendo. ¿Qué se ha hecho?Casi nada o nada. La jerarquía calla o mira a otro lado, fascinada por el aplauso fácil del progresismo.
http://www.fluvium.org/textos/lectura/lectura506.htm
El caso Antonio Jiménez y 13TV: el precio de la tibieza
Símbolo perfecto del estado de cosas: la destitución de Antonio Jiménez de 13TV. Durante años abrió micrófonos a promotores del aborto, feminismo de género, Agenda 2030 y consenso socialdemócrata, paseando por platós a los enemigos del Evangelio. No era un paladín de la ortodoxia, sino un moderado tibio. Aun así, la decisión episcopal transmitió un mensaje nítido:importa más la obediencia al progresismo que la defensa sin complejos de la fe. Fuera Jiménez. ¡Bravo! Ironías del momento: se premia la sumisión al espíritu del siglo; se castiga cualquier resistencia.
Bancos vacíos, vocaciones en caída y «suicidio demográfico»
En las misas dominicales quedan “cuatro gatos” —mejor dicho, “gatas”— de edad avanzada y algunos jóvenes con guitarra. La crisis de vocaciones se agrava. Y, mientras tanto, España se apaga demográficamente. Como ha subrayado Xavier Barraycoa, asistimos a un suicidio demográfico que compromete el recambio generacional: con menos niños, hay menos familias vivas, menos parroquias vivas, menos escuelas vivas, menos fe vivida. La perdurabilidad de la comunidad eclesial —y de la propia nación— se resiente.
Quo vadis, Domine?
Cuenta el Evangelio apócrifo de los Hechos de Pedro que, huyendo de la persecución, el apóstol ve a Cristo con la cruz. «Quo vadis, Domine?», pregunta. «Romam vado iterum crucifigi». En Jn 13,36, Pedro vuelve a interrogar: «¿A dónde vas, Señor?». Respuesta: «Adonde yo voy no me puedes seguir ahora; me seguirás más tarde». Pedro promete dar la vida; Jesús le anuncia tres negaciones. Determinación de Cristo; fragilidad de Pedro. Hoy, la Iglesia española se parece demasiado al Pedro frágil: promete, pero reniega a la primera presión del poder.
Anatomía de la traición: del kerigma al catecismo global
El mensaje del Evangelio es clarísimo: libertad en la verdad, dignidad de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, familia como núcleo civilizacional y motor de evangelización, educación moral y espiritual. La praxis actual de la jerarquía es también clarísima: subordinarlo todo al globalismo de moda —feminismo de género, Agenda 2030, ciudadanía global, multiculturalismo acrítico—. La traición es completa.
El espejo de la realidad: lo que vemos (y lo que no vemos)
- No vemos distinción visible entre alumnos que cursan Religión y quienes no: ni mayor práctica sacramental, ni hábitos morales más firmes, ni compromiso apostólico.
- Sí vemos aulas de «entretenimiento piadoso», currículos donde Cristo es figurante y la ideología hace de protagonista.
- No vemos impulso real de Centros Diocesanos de Orientación y Mediación Familiar.
- Sí vemos homilías asépticas, silencios clamorosos ante el aborto, el divorcio y la destrucción de la familia, tibieza ante el desastre educativo.
- No vemos estrategia misionera para enfrentarse al secularismo.
- Sí vemos guiños constantes al ecologismo fanático y panteísta y a la ingeniería social de género.
Plan de choque (concreto, realizable, ya)
Para dejar de repetir lo mismo y esperar resultados distintos, hace falta rectificar con hechos. Propuestas inmediatas:
- Cristocentrismo sin complejos en currículo y catequesis: kerigma, sacramentos, moral católica explicada con racionalidad y caridad; Biblia y Tradición, Doctrina Social sin barnices ideológicos.
- Evaluación de impacto real de la clase de Religión (parámetros medibles): práctica sacramental, compromiso comunitario, voluntariado, hábitos morales (honestidad académica, convivencia, caridad concreta).
- Alianza real con la familia: desplegar Centros Diocesanos de Orientación y Mediación Familiar en cada diócesis; equipos interdisciplinares (jurídico, psicológico, pastoral) que acompañen rupturas, fomenten custodia compartida cuando proceda y protejan a los menores.
- Catequesis con contenido y método: menos “dinámica” vacía, más formación doctrinal y ética aplicadas a la vida real (afectividad, sexualidad, consumo digital, trabajo, pobreza, verdad y libertad).
- Reforma del profesorado de Religión: criterios de idoneidad y misión explícita; actualización antropológica y teológica; compromiso parroquial visible.
- Liturgia viva y parroquias misioneras: homilías que expliquen y muevan a conversión; confesores disponibles; adoración eucarística; grupos de discipulado.
- Cultura y razón: apologética contemporánea (fe/razón/ciencia), historia de España sin complejos, arte cristiano, lectura exigente; combatir la ignorancia que alimenta el relativismo.
- Caridad que evangeliza: obras de misericordia visibles —familia, vida, soledad, adicción, fracaso escolar—; la caridad no sustituye al anuncio, lo acompaña.
- Lenguaje claro frente a la ideología**: respeto a toda persona, sí; rechazo argumentado de dogmas de género y del panteísmo climático. Perdurabilidad de la creación con ecología humana (sin idolatrías).
Epílogo: ¿Quo vadis, Iglesia española?
Hoy, los templos se vacían, las vocaciones escasean, las familias se desangran y los jóvenes no distinguen entre Evangelio y catecismo globalista. Mientras tanto, buena parte de la jerarquíaaplaude la última moda ideológica y convierte la misión en gestión.
¿Quo vadis, Iglesia española? ¿Hacia la cruz —y la verdad que libera— o hacia la irrelevancia? Cristo sigue en camino, decidido. Pedro —nosotros— debe dejar de negar y seguir. La disyuntiva es brutalmente simple: o Evangelio, o nada.
Padres, fieles, ciudadanos: espabilen. Porque mientras los obispos se entregan al progresismo, la verdadera evangelización se muere. Y con ella, la civilización judeocristiana que durante mucho tiempo, siglos… nos sostuvo.