Sr. Director: 

De humilde familia plebeya y pagana, nació a mediados del siglo III en Deprim, ciudad de Turquía a la que su hijo el emperador Constantino puso como nombre Helenópolis. Allí, según san Ambrosio, ejercía como stabularia -encargada de los establos-. De la modestia y delicadeza de Elena se enamoró el joven oficial Constancia Cloro. La joven que no tenía derecho a los títulos honoríficos de su marido, fue su fiel esposa y en el año 280 en Aniso (Serbia) dio a luz a su hijo Constantino.

Debido a exigencias imperiales, Constancio tuvo que repudiar a su esposa Elena, para obtener el título de César. Por lo que Elena fue forzada a alejarse de su familia y de su hijo Constantino, a quien había educado con mucho esmero y amor. Permaneció en la sombra mientras Constantino se educaba en la corte de Diocleciano. Cuando en el año 396 Constancio Cloro se convirtió en el jefe del imperio, su joven hijo Constantino lo siguió a Britania donde tomó parte en la campaña de la guerra contra los partos, y a la muerte de su padre, Constantino lo primero que hizo fue rehabilitar a su madre Elena Flavia Giulia, y le dio el título de Augusta. Desde entonces, Elena tuvo acceso libre al tesoro imperial. Participaba en las celebraciones religiosas católicas y se entregaba a las obras de caridad, almorzaba y servía a los hambrientos. Influyó mucho en la conversión de su hijo Constatino y en la promulgación del edicto de Milán en el año 313, que reconocía oficialmente a la Iglesia Católica.

Entre las obras más importantes que se atribuyen a Santa Elena está el descubrimiento de la verdadera cruz en Tierra Santa. A los 78 años peregrinó a Tierra Santa. Allí con gran espíritu de expiación, hizo edificar la basílica de la Natividad del Señor, de la Ascensión en el Monte de los Olivos y convenció a su hijo el Emperador para que edificara la Basílica de la Resurrección. En el Gólgota, donde hizo derribar los edificios paganos construidos por los romanos, tuvo lugar el prodigioso descubrimiento de la verdadera Cruz; se relata que el cadáver de un hombre depositado sobre la madera de la Cruz volvió a recuperar milagrosamente la vida.

Los tres clavos que atravesaron el cuerpo de Cristo fueron donados por Elena a Constantino. Uno se colocó en la Corona de Hierro conservada en la catedral de Monza. Las preciosas reliquias se conservan hoy en día en la Basílica Romana de la Santa Cruz en Jerusalén. Elena murió en el año 329 a la edad de 80 años, en un lugar no identificado. Fue cuidada por su hijo que hizo transportar su cuerpo a Roma en la Vía Labicana donde fue sepultada en un imponente mausoleo que lleva su nombre. Su sarcófago fue transportado en el siglo XI a Letrán y se conserva ahora en los mausoleos vaticanos. El culto a Santa Elena se celebra tanto en Oriente como en Occidente, donde se conmemora el 21 de mayo y 18 de agosto, respectivamente, y se asocia iconográficamente con el símbolo de la Cruz. La estatura espiritual de Santa Elena mereció que fuera representada con el símbolo de la cruz. Santa Elena mereció que fuera representada en una de las cuatro estatuas monumentales que se hallan en el pie de los pilares de la cúpula de Miguel Ángel en la basílica de San Pedro, junto a san Andrés, san Longinos y santa Verónica.