El otro día un médico me hablaba de las principales familias farmacológicas. Me decía que todos los miembros de una familia comparten algo. Las humanas, ciertas características genéticas. Las léxicas, la raíz o lexema y las farmacológicas, el mecanismo de acción.
Me mencionó 3 familias farmacológicas: Los antiinflamatorios que inhiben ciertas enzimas. Los antibióticos que impiden el crecimiento de las bacterias. Y los cardiacos, que se ocupan de la presión sanguínea y del colesterol. Sobre estos últimos, me pareció que subrayaba los antagonistas del calcio que relajan las arterias para bajar la presión.
El me hablo de lo suyo, y yo, que soy padre y profesor de idiomas, siguiendo con las familias. Pensé en lo mío: La estructura social no se sostiene, ni evoluciona sin la familia, pues dentro de ella comienza la socialización, y dentro de ella sobreviven los miembros más vulnerables... Y la estructura de un idioma no se sostiene ni evoluciona sin las familias léxicas, pues los idiomas no los recordamos palabra por palabra, y estos crecen, principalmente, por derivación, ampliando la familia. Una curiosidad: Las dos familias léxicas más largas son la de “Hacer” y la de “Decir”. Hacienda y maldecir, dos derivadas.