Sr. Director:
En esa obra cumbre de la literatura mística universal, que es La Mística Ciudad de Dios, de la gran escritora barroca española Sor María Jesús de Ágreda, quien como otra extraordinaria escritora española, la mexicana sor Juana Inés de la Cruz, conforman la cumbre de la literatura femenina del gran barroco español. La abadesa y eximia consejera epistolar del monarca Felipe IV; misionera por la bilocación, rara pero real experiencia mística, que nada tiene que ver con teorías ridículos del psicoanálisis freudiano, ni con falsedades de psiquiatras materialistas y ateos; quien evangelizó a los indios de la entonces Nueva España como aún reconocen los que la visitan en su Agreda natal, nos relata en esa biografía espiritual sobre la Santísima Virgen María que es La Mística Ciudad de Dios. Obra que fue censurada y prohibida por el falso celo de los inquisidores, lo que, hasta ahora, ha prohibido el proceso de beatificación de su autora.
Nos presenta en el capítulo 12 del libro VIII (La jornada de María Santísima con San Juan) la entrada en el cielo empíreo, la consumada derrota del Dragón Infernal, profetizada en el libro del Apocalipsis, por la mujer celestial vestida de sol y coronada de doce estrellas vestida de azul. Con estos dotes salió María Santísima en alma y cuerpo del sepulcro, sin mover ni levantar la piedra con que estaba cerrado quedando la túnica y toalla compuesta en la forma que cubrían su sagrado cuerpo. Llegó María Santísima en cuerpo y alma al trono real de la Santísima Trinidad y las tres divinas Personas la recibieron con el abrazo indisoluble.
En unos párrafos sorprendentes por su actualidad, relata la genial abadesa, orgullo de Soria y de España, la guerra que el dragón, que por todos los medios trata de declarar la guerra a los humanos, especialmente a las mujeres y niños: realidad que narra así la genial autora y que pone en boca de la Madre de Jesucristo: “Hija mía con ninguna ponderación de palabra llegarán en la vida mortal a manifestar enteramente la envidia de Lucifer y sus demonios contra las mujeres y los hombres; la malicia, la astucia, los dolos, engaños con que su indignación los persigue, para llevarlos al pecado y a la destrucción de sus almas y cuerpos, desde la concepción hasta su último aliento vital. Les impide que obren bien y trabajan para destruir sus cuerpos. Porque es verdad infalible que todos los dragones infernales y sus secuaces son autores y maestros de mentiras y tratan de engañar a mujeres y hombres y con astucia pretender infundirles siempre espíritu de mentira y error. Por eso Lucifer elige a incrédulos, pérfidos y demás condiciones perversas y depravadas costumbres para que sus demonios los irritasen, provocasen y llenasen de indignación y envidia contra los seguidores de Cristo, camino, verdad y vida”.