Sr. Director:

En el mes de noviembre de 2009, el amado Papa Benedicto XVI publicó la constitución apostólica Anglicanorum Coetibus, sobre la institución de ordinariatos personales para anglicanos que entran en la plena comunión con la Iglesia Católica.

La Iglesia de Cristo, que en el Credo confesamos una, santa, católica y apostólica, subsiste en la Iglesia Católica, gobernada por el Sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él, aunque fuera de su estructura visible pueden encontrarse muchos elementos de santificación y de verdad que impulsan hacia la unidad católica  (Cfr. L.G., 8)

Un Ordinariato personal es una circunscripción eclesiástica creada para acoger a grupos de fieles anglicanos que desean entrar en plena comunión con la Iglesia Católica, conservando algunos elementos de su rico patrimonio litúrgico y espiritual. Se trata de una estructura canónica de la Iglesia Católica cuya jurisdicción se basa en la pertenencia personal de los fieles y no en un territorio geográfico específico. El Ordinariato está formado por laicos, clérigos y miembros de institutos de la vida consagrada que originariamente pertenecían a la comunión anglicana y ahora reciben los sacramentos bajo la jurisdicción del Ordinariato.  Su finalidad es mantener vivas las tradiciones espirituales, litúrgicas y pastorales de la comunión anglicana dentro de la Iglesia Católica.

Cada Ordinariato goza de personalidad jurídica pública y se rige por las normas del derecho universal y por la citada constitución de noviembre de 2009, estando sujeto al Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Los Ordinariatos personales pueden celebrar la Eucaristía y otros sacramentos y la Liturgia de las Horas según los libros litúrgicos propios de la tradición anglicana aprobados por la Santa Sede.  Esto permite que los fieles mantengan su identidad litúrgica y espiritual mientras participan plenamente en la vida de la Iglesia Católica.

Del 1 al 3 de marzo de 2026 se reunieron en Roma los obispos de estos Ordinariatos con el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el cual ha reconocido las características de la herencia anglicana tal y como se vive en los Ordinariatos instituidos por Benedicto XVI  en su día. Existe un sentimiento generalizado de identidad común entre todos los Ordinariatos, nacido del hecho de compartir un digno patrimonio de piedad y costumbres de la herencia anglicana.

La misma herencia que quiso preservar San Juan Pablo II cuando aprobó la Pastoral Provisión en 1980. Tanto el clero como los fieles de estos Ordinariatos participan ampliamente en la vida y el gobierno de la Iglesia. Valoran muchísimo la evangelización a través de la belleza  y  el compromiso con los pobres en las realidades concretas de sus barrios. Se da en estos Ordinariatos una cultura pastoral de profunda interconexión entre el culto divino y la vida cotidiana según el ritmo litúrgico (casi monástico) tomado de la tradición espiritual inglesa. También cuidan muchísimo la familia como verdadera Iglesia doméstica y primer lugar de fe vivida y aprendida.

Es de gran riqueza eclesial la predicación basada en la Sagrada Escritura y la importancia del sacramento de la Penitencia, así como la dirección espiritual. Todos estos elementos remiten a la centralidad del misterio de la Encarnación en el patrimonio preservado en los Ordinariatos en estos años, en el estilo de acogida de personas y comunidades en la plena comunión católica y en la participación en la misión de la Iglesia.

Gracias a Dios, los Ordinariatos crecen orgánicamente ofreciendo un claro reflejo del rostro de la Iglesia y una contribución distintiva a la riqueza de su identidad como Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo.

Destacamos también las palabras del mensaje que el Papa León XIV envió recientemente a la nueva arzobispesa de Canterbury, Dame Sarah Mullally. A lo largo de las seis últimas décadas ha dado mucho fruto la labor de la Comisión Internacional Anglicano - Católica Romana, y el Papa se muestra agradecido por el diálogo teológico entre católicos y anglicanos, al tiempo que anima a seguir dialogando para hacer frente a los múltiples desafíos que hoy hacen tambalear a nuestro mundo.

No obstante, el Santo Padre no esconde las dificultades existentes, ya que las nuevas circunstancias han generado nuevas discrepancias entre unos y otros.

Las diferencias, sin embargo, no deben impedirnos reconocernos como hermanos en Cristo en virtud de nuestro bautismo común. El Papa León cree firmemente que necesitamos continuar dialogando en la verdad y el amor, porque solo en la verdad y el amor podemos llegar a conocer juntos la gracia, la misericordia y la paz de Dios, y ofrecer así estos dones a nuestro mundo. La unidad no es un fin en sí misma, sino que está orientada a la proclamación de Jesucristo, a fin de que el mundo crea que el Padre le envió para la salvación de todos.

Sería un escándalo si, a causa de nuestras divisiones, no cumpliéramos nuestra vocación común de dar a conocer a Cristo. A través del testimonio de una Iglesia reconciliada, fraterna y unida es como la proclamación del Evangelio resonará con mayor claridad.

Sarah Mullally asume sus responsabilidades en un momento difícil en la historia de la familia anglicana. De ahí que el Papa León  la invite a dejarse guiar por el Espíritu Santo y a inspirarse en el ejemplo de la Santa Madre de Dios.

La nueva arzobispesa de Canterbury, elegida el pasado 3 de octubre, fue investida oficialmente el 25 de marzo de 2026 como Primada de la Comunión Anglicana. Mullally tiene 63 años, está casada y es madre de dos hijos. En el año  2015  accedió al episcopado, pastoreando Exeter y luego Londres. Sucede en el cargo al arzobispo Justin Welby, quien dimitió el pasado año tras reconocer que no supo gestionar correctamente los abusos de un sacerdote en el pasado.

Por primera vez en sus cinco siglos de historia, Mullally es la primera mujer en dirigir la Iglesia de Inglaterra, siendo también la primera primada de los casi cien millones de anglicanos de todo el mundo.

Los fieles anglicanos que viven en África no han visto con buenos ojos la elección de una mujer como primada y han surgido voces que denuncian que se haya roto con un modo de liderazgo masculino que ha permanecido incólume desde el momento fundacional, cuando  Enrique VIII  rompió con Roma para casarse inválidamente con Ana Bolena. 

En el año 2008 se fundó la Global Anglican Future Conference, que aglutina al 80% de los fieles anglicanos a nivel mundial con la misión de  "proteger el inmutable y transformador Evangelio de Jesucristo para proclamarlo al mundo". Esta Conference asumió el compromiso moral de "combatir el error doctrinal y el colapso del testimonio bíblico que emanaba de Canterbury". Me parece que de este modo se hacen más difíciles las relaciones entre la Iglesia Católica y la comunión anglicana. 

Con razón la Iglesia Católica sólo admite a las Sagradas Órdenes a varones que han dado pruebas de verdadera vocación.