Como si de una historia de la propia autora de Harry Potter se tratara, la noticia empieza con Maya Forstater, una asesora fiscal de la rama europea del Centre for Global Development [Centro para el Desarrollo Global], un think tank mundialista que no le renovó su contrato el pasado 31 de diciembre de 2018. ¿Por qué? Por considerar públicamente que Philip Bunce, un banquero de Credit Suisse padre de dos hijas que en ocasiones trabaja bajo la personalidad de Pippa, es un hombre biológico.

El Financial Times situó a Pippa en el puesto 32 de la lista de las 100 ejecutivas británicas más influyentes. Maya, feminista de la vieja escuela (como Lidia Falcón, recientemente criticada en España por mostrarse también contraria a la ideología de género), rechazó en redes sociales que figurase en esa lista, y afirmó: "No creo que ser hombre/mujer sea una cuestión de identidad o de sentimientos femeninos. Es biología".

Cuando se lo reprocharon en su lugar de trabajo, se negó a disculparse: "Puesto que lo que he dicho es verdad, seguiré diciéndolo". Perdió su trabajo.

Maya recurrió judicialmente su despido, pero James Tayler, un juez británico entregado a la ideología de género, le ha dado la razón a sus empleadores:

Y es ahí donde entra en liza J.K. Rowling, que se solidarizó con Maya el 19 de diciembre en Twitter: "Vístete como quieras. Llámate como quieras. Duerme con el adulto que tengas. Vive la vida lo mejor que puedas en paz y seguridad. Pero ¿despedir a una mujer de su trabajo por afirmar que el sexo es real? #IStandWithMaya" (hashtag Apoyo a Maya).

Las reacciones fueron fulminantes, y por ejemplo el portal informativo sistémico Vox.com no se contentó con una crítica, sino que lanzó una velada amenaza contra su carrera:

"¿Ha destruido J.K. Rowling el legado de Harry Potter con un simple tweet transfóbico? JKR acaba de arruinar Harry Potter. Feliz Navidad", afirmaba: "Sus fans están destrozados". Entendiendo así que todos los admiradores literarios de la escritora inglesa comparten la ideología de género.