Tras el accidente de Adamuz, la ola de soberbia sanchista se ha disparado, con su principal exponente, el ministro de Transporte, Óscar Puente, un veneno que no puede hablar sin ofender. 

Por eso la gente no le perdona. Si se hubiese callado y dedicado a trabajar para que esto no vuelva a ocurrir, en lugar a hablar del "suflé emocional', los familiares de las víctima se hubiera tragado su dolor, habrían rezado por sus deudos y no hubiera pasado mucho más... pero añadir la injuria a la desgracia no suele resultar una buena combinación. 

Por supuesto, aquí no dimite nadie. Además, para tranquilizar a la hidra indepe catalanista se hace dimitir al bedel, al asistenta, bueno a dos cargos medios de RENFE y ADIF, relacionados con Rodalies... donde murió un maquinista, por los 45 inocentes muertos en Adamuz. 

 

 

Insisto: pura soberbia de Sánchez y Puente... y la soberbia no resulta agradable.