Sr. Director:
Del 17 al 24 de diciembre se celebran las llamadas ferias mayores de Adviento. Como el 24 por la tarde ya se celebra la Misa de Navidad y el día 25 la solemnidad del Nacimiento del Señor, la liturgia de la Iglesia nos invita a prepararnos más intensamente para recibir y acoger a Cristo, con las lámparas encendidas.
Durante el canto de las vísperas del 17 al 23 de diciembre, se entonan las llamadas antífonas mayores o antífonas de la O en varias tradiciones litúrgicas cristianas.
Cada antífona hace referencia a un nombre o título de Jesucristo, o a alguno de sus atributos bíblicos.
Y así tenemos:
Día 17.- ¡Oh Sabiduría!
Día 18.- ¡Oh Señor!
Día 19.- ¡Oh Raíz de Jesé!
Día 20.- ¡Oh Llave de David!
Día 21.- ¡Oh Oriente!
Día 22.- ¡Oh Rey de las naciones!
Día 23.- ¡Oh Emmanuel!
Desconocemos el origen exacto de estas antífonas mayores de Adviento. Boecio hace una breve referencia a ellas, sugiriendo de este modo que ya existían en su tiempo (siglos V ó VI)
En la Abadía benedictina de San Benito de Fleury, cerca de Orleans, recitaban estas antífonas el abad y otros superiores de la abadía en rango descendente y luego se entregaba un obsequio a cada miembro de la comunidad. En el siglo VIII ya se usaban en las celebraciones litúrgicas en Roma.
Expresiones como "no olvides las O" o "las grandes antífonas de Adviento" formaban parte del habla común entre los cristianos. De este modo podemos concluir que, de alguna manera, las antífonas de Adviento han sido parte de la tradición litúrgica desde los primeros tiempos de la Iglesia.
Los monjes benedictinos disponían estas antífonas con un propósito definido: si se empieza por el último título y se toma la primera letra de cada una (en latín) se forman las palabras: ERO CRAS, que significan "Mañana vendré".
Es el mismo Señor Jesús quien nos lo dice cada día al atardecer: "Mañana vendré"
De esta manera, las antífonas no sólo infunden intensidad en la preparación del Adviento, sino que conducen este tiempo litúrgico hasta su alegre fin: la venida del Señor.
Cada antífona invoca a Cristo con alguno de sus títulos bíblicos, y cada una se refiere a la profecía de Isaías sobre la venida del Mesías y expresa también la visión profética que se contempla y anuncia la Buena Noticia a los hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación, tal y como dice el libro del Apocalipsis (5, 9)
Las antífonas latinas provienen del Breviarium Romanum. Cuando se permitió la recitación del Oficio Divino en lengua vernácula, las antífonas latinas se tradujeron a la lengua que suele utilizarse en cada lugar.
Aunque las antífonas mencionadas y sus fechas han sido reconocidas universalmente a través de la cristiandad occidental, en la Inglaterra medieval surgió una práctica alternativa que consistía en adelantar todas las antífonas un día (empezando el 16 de diciembre en lugar del 17) y añadir una antífona adicional (la octava) el día 23, con lo que el acróstico se convertía en VERO CRAS (En verdad mañana)
Esta alternativa ha sido la versión tradicionalmente utilizada en la Iglesia de Inglaterra hasta tiempos muy recientes y es también la versión impresa en las fuentes litúrgicas tradicionales de la Iglesia de Inglaterra en el Nuevo Libro de Himnos en inglés.
Durante las laudes matutinas cantamos:
el día 21.- No temáis, dentro de cinco días vendrá a vosotros el Señor.
Y el día 23.- Mirad que se ha cumplido ya todo lo que el ángel dijo de la Virgen María.
En el siglo XX, el compositor estonio Arvo Pärt realizó una traducción al alemán de estas antífonas para coro SATB sin acompañamiento, titulada Magnificat Antiphonem.
En el X Concilio Toledano celebrado en España en el año 656, reinando Recesvinto, siendo San Eugenio III obispo de Toledo, se ordenó que la fiesta de la Anunciación - Encarnación del Señor se celebrase ocho días antes de la Navidad, porque el 25 de marzo solía coincidir con la cuaresma o la Semana Santa.
Y así, el obispo San Ildefonso de Toledo confirmó que la festividad de la Anunciación - Encarnación del Señor fuera celebrada solemnemente el 18 de diciembre, mandando además que la fiesta se llamase "La Expectación del parto de la Santísima Virgen María"
Pronto se conoció esta fiesta como Nuestra Señora de la O, porque durante los días 18 al 24 de diciembre se cantaban en las vísperas las antífonas que empieza por O exclamativa.
En algunas diócesis todavía está permitida la celebración de Nuestra Señora de la O o de La Expectación del parto el día 18 de diciembre.
En otras tradiciones cristianas, el día 24 por la mañana se celebra la memoria de los Santos Antepasados de Jesucristo.
Estos antepasados de Jesús son "los padres que agradaron a Dios y fueron hallados justos y murieron en la fe sin haber recibido las promesas, pero viéndolas de lejos y saludándolas, de los cuales nació Cristo según la carne"
Las primeras vísperas del día 24 y la Misa vespertina de ese día es la Misa de la Vigilia de Navidad. En estos días suele causarnos extrañeza proclamar en la lectura evangélica las llamadas genealogías de Jesús.
Nuestros evangelios recogen dos genealogías, la de Mateo y la de Lucas. El primero la elabora desde Abrahán hasta Cristo, y el segundo en sentido inverso, desde el Mesías hasta Adán.
El motivo de que los evangelistas decidieran incluir estas listas es hacernos entender que Cristo no vino al mundo como un extraterrestre, sino que vino nacido en la carne, como cada uno de nosotros, en todo semejante a nosotros menos en el pecado.
El árbol genealógico de Jesús está lleno de pecadores (mentirosos, traidores, prostitutas, adúlteros y asesinos), lo cual avala el hecho de que Cristo, sin cometer pecado, al encarnarse como descendiente suyo, asumió entrar hasta el fondo en el pecado de la humanidad para redimirnos de él.
En la genealogía de Mateo se menciona a cinco mujeres, cosa que no era normal. Sus nombres son: Tamar, Rahab, Ruth, Betsabé y María la Virgen.
Todas ellas constituyen un modelo de justicia, entendiendo esta expresión en sentido bíblico, es decir, con sus acciones, estas mujeres hacen avanzar los designios salvadores de Dios.
La genealogía de Mateo incluye a la Virgen María por su actitud, pues Ella abandona sus propios planes y se deja hacer por el Espíritu de Dios: éso permitió que el Redentor del mundo entrara en nuestra historia y la renovase plenamente.
Rezamos:
"Oh Dios, creador y restaurador del hombre, que has querido que tu Hijo, Palabra eterna, se encarnase en el seno de María, siempre virgen; escucha nuestras súplicas y que Cristo, tu Unigénito, hecho hombre por nosotros, se digne hacernos partícipes de su condición divina. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén"