Sr. Director:
El pasado día 25 de marzo se celebraron elecciones autonómicas en Andalucía y en Asturias.

 

Las elecciones andaluzas eran decisivas. Desde hace más de 30 años gobierna el mismo partido y se ha visto que la falta de alternancia en el poder no ha sido sana. Más allá de las posiciones ideológicas, cuando no hay cambio la democracia suele perder calidad. Andalucía desde mediados de los años 80 no ha mejorado sus índices comparados de riqueza.

Sufre una altísima tasa de paro y los resultados de su sistema educativo son los peores de España. Desde el poder se ha favorecido una cultura de la satisfacción fácil que ha restado capacidad emprendedora.

Buena parte del sistema del Bienestar y de los servicios públicos se han mantenido en pie gracias a las transferencias de renta que llegaban del exterior. Andalucía necesitaba un cambio político que haga posible el verdadero cambio que es cultural y social. Y ese cambio pasaba por un uso más humilde del poder, una cesión progresiva de protagonismo a la gente y una desideologización.

En los últimos años la Junta de Andalucía ha sido un factor decisivo en la creación de una cierta mentalidad. No es esa la tarea de un Gobierno.

Acabadas las elecciones y analizados los resultados todo parece indicar que Andalucía prefiere vivir así. El problema es saber cuanto puede durar. Pensemos que era un cambio necesario.

Pedro J. Piqueras Ibáñez