Sr. Director:
En el año 1996 nos dejó a España sumida en una gran crisis, corrupta y que nos costó mucho "arreglar" a todos los españoles, con la dirección del PP. Pero no llegaba a lo de ahora.

 

Lo que más salta a la vista y que más le duele a una mayoría de españoles, es el trabajo y la economía; nunca estuvo peor y estamos a la cabeza de Europa, "con nota", y con mentiras permanentes intentando ocultarlo, desde hace cuatro años.

El desempleo ha llegado a cotas muy elevadas y, sobre todo, la de los jóvenes, que ahora pretenden manifestarse contra el PP en esa versión Rubalcabeña de movimiento de indignados. La ruina a la que Rubalcaba ha llevado a parte de la ciudadanía española, es superior, con mucho, al resto de países; cierto que el Presidente del Gobierno figura con el nombre de Zapatero, ese inútil que solo sabe adoctrinar, pero el "actor" principal, desde el 13-M (e incluso mucho antes) es Alfredo P.

Cierto que a partir de 1996, cuando se marchó del gobierno Rubalcaba, conseguimos que la Seguridad Social entrara en superávit, que el estado del bienestar resurgiese, que el optimismo apareciera en la economía y el empleo, etc. Pero ahora nos deja una situación mucho más grave, de la que saldremos con otros gobernantes, pero nos costará a todos mucho más sacrificio.

Pero al deplorable estado económico y laboral que nos deja en herencia, hay que añadir un desastre social sin parangón: ha degradado la familia y sus valores y pisoteado sus derechos al equipararla a una unión de homosexuales; sancionado a clínicas que ofrecen terapias para acabar con el trastorno que padecen estos (Policlínica de Barcelona y otras) y alentado a las nuevas generaciones a sumarse a este estado. Los homosexuales tienen los mismos derechos que todos los ciudadanos o más, por su patología, pero no nos hagan comulgar con ruedas de molino y lo que no puede ser, dejémoslo como está.

Ha alentado leyes, tergiversando el lenguaje, que protegen el asesinato y lo ampara dándole el tratamiento de derecho, como es el aborto.

Ha creado recursos para el adoctrinamiento de las nuevas generaciones, privarles de los valores que pudieran recibir de sus familias, arrancar a los más pequeños su inocencia, con enseñanzas y actitudes perversas, y degradación de la sociedad en todos los ámbitos.

Ramón Usera