Los Kirchner tienen peor imagen en el mundo que Hugo Chávez, que ya es decir. Lo suyo es la arbitrariedad y el enriquecimiento compulsivo. Eso sí, el argentino, que es largo y no se asusta de nada uno de sus peores defectos, por eso permite a sus dirigentes lo que no les debiera permitir- empieza no tolerar ni tan siquiera a los intolerables Kirchner.
La última contradicción que revela lo que ocurre en aquel país la ofrece la doble noticia: se tenía sobre el caso del incendio en la discoteca República Cromagnon: sobornos para que las autoridades locales hicieran la vista gorda al introducir muchos más clientes de los que el local permitía y muertes en mesnada. Culpable el empresario pero no los sobornos que permitieron sus excesos.
Al mismo tiempo, Cristina Kirchner, con el manipulable Diego Maradona al lado, salva al fútbol de la quiebra. Con el dinero de los demás, naturalmente. Al parecer doña Cristina considera que basta con proporcionarle circo sin pan, porque el pan es más caro que el fútbol, eso está claro.
La pregunta es si hasta Argentina, tierra feraz de hombres inteligentes, puede soportar demasiados Kirchner sin desintegrarse. Por de pronto, a pesar de que las últimas elecciones parciales abren la esperanza a un fin próximo del Kirchnerismo, lo cierto es que la empresas españolas, las demás hace tiempo que tomaron la decisión, no quieren seguir en Argentina, no se fían de su clase política corrupta y demagoga. Y eso no deja de ser un problema para los argentinos. Porque el problema de la corrupción no es sólo- su inmoralidad, sino que acaba por ahogar el presupuesto y ahogar al talento que, simplemente, opta por emigrar. Vamos, lo que está ocurriendo en mi querida Argentina.
El problema del país es la desmoralización que produce la corrupción de su clase dirigente. La corrupción tiene ese efecto: se generaliza el todo vale y, a partir de ahí lo menos que puede pasar es que tengas que refundar el país. En ello estamos o deberíamos estar.
Eulogio López
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