El lema de la Conferencia Episcopal Española es "No te costará más, no te devolverán menos".

Hablamos de la posibilidad de los españoles de dedicar ese porcentaje mínimo de sus impuestos a la Iglesia católica, a otros fines sociales o al propio Estado.

Quizás a estas alturas de la película hasta resulte innecesario recordar el significado del eslogan, pero me temo que sí: en efecto, quien marque la casilla de la Iglesia no pagará más impuestos, pagará lo mismo.

Pero servidor prefiere dar un paso más. El llamado impuesto de los curas, y de las ONG, no sólo es aceptable, es nobilísimo. Representa la única parte, mínima, ciertamente, de nuestros impuestos en el que podemos decidir su destino final. El otro 99,3% es un cheque en blanco que coercitivamente donamos al Estado, es decir, a los políticos, para que hagan con ellos lo que les venga en gana, incluso aquellos -muchas cosas, por ejemplo, financiar abortos- que repugnan a nuestra conciencia lo que simplemente nos parecen inmorales pero sí improcedentes.

No es que haya que mantener el 'impuesto religioso', sino que hay que crear muchos más impuestos religiosos, es decir, hay que permitir a los contribuyentes que tengan más capacidad de elección sobre el destino de nuestro dinero en otros apartados. La asignación tributaria a la Iglesia no basta.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com