Lo contamos hoy en Hispanidad: es cierto que Celestino Corbacho se va a Barcelona porque Montilla le reclama pero también porque Zapatero le echa.

Montilla está histérico porque si no cambia la intención de voto, el presidente de la Generalitat va a conducir a los socialistas catalanes a un gran desastre electoral pero no lo es menos que Zapatero necesita entregarle una cabeza a los sindicatos como responsable de la reforma laboral. Es dudoso que Méndez y Toxo se conformen con un cese interesado, pero no lo es menos que la técnica habitual de ZP consiste, no en encontrar soluciones a los problemas sino en buscar culpables a los fracasos. Y naturalmente, entre los nominados para asumir la responsabilidad de un fracaso nunca está él.

El pérfido José Bono ha cubierto de elogios al cesado-dimitido y, con lágrimas en los ojos, ha pedido que los datos de paro no acompañen a Corbacho como un estigma. Estoy convencido de que el ministro cesante se lo agradecerá eternamente.

Entre otras cosas, porque aplicando la fórmula anterior, el estigmatizado debería ser ZP.

Eulogio López

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