Por métodos absolutamente científicos, el Gobierno ha dictaminado que en la manifestación contra el matrimonio gay y en defensa de la familia natural, celebrada el pasado sábado día 18 en Madrid, había 166.000 personas. Ni una más ni una menos. La verdad es que se trata de una simplificación. El delegado del Gobierno, Constantino Méndez, utilizó un sistema de medición más riguroso que dio como resultado 166.023 manifestantes: 23 obispos que iban delante y el resto serían como unos 166.000, si ustedes me entienden.

Jesús Polanco y Juan Luis Cebrián, guiados por el espíritu de generosidad y al amor a la verdad consustanciales al Grupo PRISA, decidieron elevar el número hasta los 180.000. Naturalmente, hablamos de métodos científicos, y no de afirmaciones sectarias, como las facilitadas por los organizadores, que elevaron la cifra a 1 millón de personas o la Comunidad de Madrid, que lo dejó en 700.000.

Durante la noche del viernes y la mañana del sábado, radios y TV dejaron claro, y con éxito, como veremos más adelante, dónde radicaba la polarización: por un lado, estaba la contra-manifestación gay, que si bien reunió a 200 personas superó claramente en cantidad de tiempo emitido en televisión a los discursos de los organizadores de la manifestación por la familia. Con decirles que contó con la presencia de oradores de la talla de Pilar Bardem. Eran como la dos caras de una misma moneda: sólo que una de las caras era más escuálida que la otra. Pero no hay que ser materialista. La calidad es más importante que la cantidad.

Además, la contra-manifestación gay se fundió en insondable armonía con el espectáculo de Carlinhos Brown, una salsa merengosa. La plataforma de gays y lesbianas, ante tanta manifestación homófoba, se vio obligada a adueñarse del especta-culo de Carlinhos sabrosón, a quien el Presidente del Gobierno recibió con gran alborozo, razón por la que le faltó tiempo para recibir a la Junta Directiva del Foro de la Familia. Telefónica, patrocinadora del acto de Carlinhos, también que lo suyo para aclarar que se trataba de un desfile-concierto, no de un apoyo a la plataforma gay, pero el comunicado de la Compañía quedó convenientemente oculto por los medios informativos: ni uno solo hizo mención del mismo. Aprovecho la ocasión para aclarar que la compañía de César Alierta haría bien en patrocinar espectáculos musicales menos cutres. Si serán cutres que a nadie le extrañó que los mismos que organizan el desfile del Orgullo Gay, esto es, el paradigma de la horterada cutre, lo hicieran suyo).

Planteadas así las cosas, el asunto estaba clarísimo. Había una manifestación negra, como su alma reaccionaria, que recortaba derechos ajenos, y a la que sólo acudió cerca de 1 millón de personas y otra, de menos cantidad pero mucha más calidad, la de Pilar Bardem y sus 200. Y si necesitaban gente, pues los samberos de Carlinhos Brown, un canto a la libertad, oiga usted. En resumen, dos grupos prácticamente igualitarios, liberales los unos, retrógrados los otros. Tanto es así, que un familiar me llamaba desde Oviedo para preguntarme: ¿Quién ha ganado? En efecto, contemplando la TV, cualquier canal de TV, ambos grupos estaban en plano de igualdad. Pero no podemos hablar de subjetividad mediática. Cuando, en dos semanas, se produzca el desfile del orgullo gay, no duden que todos los canales de TV mantendrán la misma imparcialidad: entrevistarán a Pedro Zerolo y al secretario general del Foro de la Familia.

Además, para defender los derechos de todos los ciudadanos, la vicepresidenta primera, Teresa Fernández de la Vega, ya advirtió que todos los que se manifestaban eran ciudadanos que pretendían arrebatar los derechos de los demás. No les llamó inmundos, porque es una chica educada en colegio de pago, pro se quedó a un pelo, el mismo pelín que le bastó a José Montilla, ministro de Industria, para tildar de anti-demócratas a todos los manifestantes. Tenía la palabra fascista en la punta de la lengua pero se le quedó a las puertas del estómago, o del hígado. El Fiscal General del Estado, muy en su papel, advirtió a los manifestantes, 24 horas antes, que la Fiscalía vigilaría con celo que no hubiera pancartas vejatorias o insultantes contra los gays. Tampoco aquí puede hablarse de parcialidad: estoy convencido de que, en vísperas del desfile del Orgullo Gay, el Fiscal advertirá a los organizadores que no se tolerarán disfraces de sacerdotes, alusiones a Jesucristo, ni leyendas o escenificaciones vejatorias para los católicos. Ese tipo de cosas, d. Cándido no las permitiría jamás.

Con todo, vamos a las conclusiones que se pueden sacar de la manifestación el 18-J.

1. En España se está creando un ambiente guerracivilista. Quizás no degenere en conflicto abierto por la sencilla razón de que nos hemos vuelto todos tan comodones que preferimos el rencor al mamporro, quizás porque el resentimiento no exige esfuerzo físico. Las dos Españas vuelven a estar en pie de guerra, y es la progresía quien abre la brecha definitiva, que consiste en lo siguiente: no sólo es que no pienses como yo, es que te niego la condición de demócrata y hasta la condición de pensante.

2. El pueblo español no se divide en izquierdas y derechas, sino en homo-televisivus y homolectoris, es decir, entre la sociedad que ve y la sociedad que lee. Los que ven la tele aún están convencidos de que el pasado sábado, en Madrid, hubo 166.000 fascistas que pretendían arrebatarles sus derechos y 200.000 reunidos en torno a Pilar Bardem y Carlinhos Brown, ambos hermanados en la lucha por el derecho civil a aplicar el talante por la parte de atrás.

3. El Partido Popular, que trató por todos los medios de instrumentalizar la manifestación del sábado sigue asentado en el centro reformismo. Escuchar a Eduardo Zaplana hacer profesión publica de su amor a la familia resulta un espectáculo regocijante. Es como si la vicepresidenta del Gobierno entonara loas a la maternidad, por ejemplo. Ángel Acebes, en misa y repicando, advirtió que el PP no tiene nada contra la homosexualidad, aunque resulta que los allí presentes teníamos, y mucho, contra la homosexualidad. Para entendernos, hay tres fases del conflicto escenificado el sábado :

- Los que están contra la adopción por gays. Aquí todo el mundo esta de acuerdo, incluso millones de españoles que no pudieron estar en la manifestación. Son decenas de millares los que aceptan el matrimonio gay pero no la adopción gay, porque les proporciona una sensación de vértigo horrible, y por lo que rezaba una de las pancartas: Soy un niño, no soy experimento. Los experimentos, especialmente si se realizan con cobayas humanas, mejor con gaseosa, por favor.

- Los que están contra la adopción y también contra el matrimonio gay. En el PP aseguran, varios cientos de veces, que están a favor de que se les concedan sus derechos a los homosexuales pero no con el nombre de matrimonio. Ahora bien, como bien afirma el editorial de El País del domingo 19: si esa era la divergencia, no hace falta organizar o apoyar una manifestación. Bastaba con votar en contra en el Congreso.

- Por último está un tercer grupo : los que estamos contra la adopción gay, el matrimonio gay, contra la homosexualidad (que no contra los homosexuales: de hecho, estamos convencidos de que los principales perjudicados por la Ley Zapatero los homosexuales, a los que se les da lo único que nunca debe dárseles: otra coartada, en este caso legal, para seguir en el pozo, en lugar de tenderles la mano para ayudarles a salir de él). Este grupo considera que la homosexualidad es un mal en sí mismo y es antinatural. Es antinatural, habrá que repetirlo, porque la naturaleza ha creado hombres y mujeres, y no ha hecho el recto para introducir el pene, aberración que provoca desagradables consecuencias físicas y médicas. Es decir, la homosexualidad es una aberración en sí misma. Por eso es antinatural, por eso debe ser prohibida. Ese es el argumento principal, aunque los miembros del Partido Popular no hayan llegado a él. Pero hay que animarles para que lo consigan. Alguno puede ser muy capaz de ello. La homosexualidad no es una opción sexual, es una guarrada con signos patológicos sobre el cuerpo, y que destroza física y anímicamente a quien lo practica. A la homosexualidad siempre le acompaña la amargura.

Este es el argumento que debe emplear el PP: porque la dialéctica más eficaz que existe es esa: colocar a la gente ante el espejo. No hay argumento más poderoso que los hechos.

Pero el único punto oscuro de la manifestación es ese: la instrumentalización por parte del Partido Popular.

4. Como dice la cadena norteamericana Fox News (por cierto, sus corresponsales se han pitorreado a gusto de la cifra de los 166.000 asistentes emitida por el Gobierno Zapatero), por primera vez en 20 años la Iglesia española se enfrenta al Gobierno (y esto afecta tanto al felipismo como al aznarismo). ¡Albricias y pan de Madagascar! Los obispos salen a la calle y, como rezaban algunas de las pancartas del sábado : No tengáis miedo, no estáis solos. Es la mejor noticia para la Iglesia en mucho tiempo. El gesto de los obispos presentes vale por un centenar de cartas pastorales, y que un centenar de homilías. Los obispos estaban donde querían los fieles y donde podían identificarles los infieles. Y que cunda.

Eulogio López