Sr. Director:
Es tiempo de alegría porque se ha realizado el misterio más grande que se puede realizar.

 

Dios se hace hombre, y nos da su amor sin condiciones para hacernos partícipes de su vida divina.

El auténtico espíritu de esta celebración caracterizado por el recogimiento y la sobriedad no nos lo puede quitar la contaminación comercial.

Si bien, tampoco podemos confundir el consumismo con un regalo a nuestros seres queridos, como siempre que celebramos el cumpleaños de los nuestros, una mesa bien preparada, una comida hecha con esmero, el Belén colocado junto al árbol en el más destacado sitio del comedor y los villancicos sonando de fondo, para que se note que celebramos el Nacimiento de Jesús.

La Navidad no es más que estar un poco más pendientes de los demás y un poco menos de uno mismo.

Como dice José María Pemán en su poesía, villancico de las manos vacías: para acoger al niño enteramente, hay que dejarlo todo, a uno mismo simplemente, vaciarnos por completo. Así, vacíos, abrazaremos la ilusión entera que sólo está en Dios.

Elena Baeza