Sr. Director:

Se ha producido una acción concertada de todos los gobiernos, que gastarán centenares de miles de millones de dólares, endeudando a sus Estados, para...

¿Erradicar el hambre en el mundo?

¿Frenar el aumento del precio de los alimentos?

¿Proporcionar agua potable a tantos habitantes del planeta que carecen de ella?

¿Construir hogares para los sin-techo?

¿Erradicar la malaria, el tifus, el cólera, la tuberculosis, la lepra...?

¿Invertir en el tercer mundo para sacarlo del subdesarrollo?

Todo esto se podría hacer con ese dinero... y seguramente sobraría algo; pero no, no se va a destinar a eso, se va a destinar a salvar a las instituciones especulativas del mundo y, de paso, nuestros ahorros (muchos también especulativos)...; es decir lo que nos es superfluo...

¿Nadie se ha parado a pensar que si se invirtiesen esos miles de millones de dólares en el Tercer Mundo, se produciría tal incremento del PIB mundial que acabaría repercutiendo en los países desarrollados...?

Pero no, preferimos garantizar nuestra calidad de vida, nuestros ahorros, nuestros placeres (muchos de ellos ilícitos e innobles)... incluso quemar alimentos en nuestros vehículos para seguir desplazándonos sin contaminar nuestro mundo... ¡sí, esos alimentos que otros necesitan para seguir viviendo! Por no compartir, no queremos compartir ni con nuestros hijos... ya que nos negamos a tenerlos, condenando a occidente a extinguirse y llevarse a la tumba toda su riqueza acumulada. 

No cabe duda de que hace tiempo que esta actitud constituye un delito de lesa humanidad, del que todos los occidentales somos culpables (yo, el primero)...; y todavía nos atrevemos a culpar a Dios por consentir tanta miseria...; a Él que ha dotado al mundo de mucho más de lo que se necesitaría para que toda la humanidad viviese dignamente, si no fuese por la rapiña de tanto acaparador.

Espero que la misericordia de Dios no permita el castigo que merecemos; y se limite a quedarse mirando como nuestra avaricia y materialismo provocan la mayor y más larga crisis que se haya conocido...; quizá la crisis que definitivamente vuelque la balanza a favor de los países en vías de desarrollo... y provoque la decadencia definitiva de esta sociedad enferma y corrompida.

Porque el hombre ha puesto su confianza en la especulación financiera e inmobiliaria, no en el trabajo cotidiano y el ingenio, con los que teníamos que cumplir el mandato de Dios: multiplicaos y dominad la tierra... Ahora que ese castillo de naipes se hunde, que nuestros dioses de barro se deshacen, ya no somos capaces de fiarnos de nada ni nadie, lo que agrava aún más la situación: la crisis financiera es una crisis de confianza...; y ningún plan de ayuda nos sacara de una crisis que se alimenta a sí misma.

La única solución es volver al trabajo productivo, pensando en crear riqueza para la humanidad, no en acumularla para unos pocos: en crear bienes y productos, no entelequias financieras.

Como economista que soy, me consta que todo esto que he expuesto suena a demagógico; pero... en el fondo de nuestros corazones, ¿no sentimos que es verdad?

José Alberto Fernández

jalbertofl@terra.es