• En 6 años de crisis, ha pasado del 36,3% del PIB hasta el 88,2%
  • Casi se triplica, al pasar de los 382.000 millones de euros hasta los 923.000 millones de euros.
  • Y mientras, la financiación al sector privado cae en picado.
  • El negocio bancario depende ahora de la intermediación de deuda pública y eso resulta muy peligroso.
  • Tan peligroso como la burbuja inmobiliaria que provocó la actual crisis bancaria.

¿Cómo podríamos definir lo que en economía llamamos una burbuja Pues básicamente como una hiperinflación de un conjunto de activos que pertenecen a la misma clase. Disculpen la pedantería. Una burbuja inmobiliaria sería, pues, un incremento rápido y elevado de los precios en el mercado inmobiliario. La burbuja de las compañías tecnológicas que estalló en el año 2000 fue el mismo proceso... aplicado a las acciones de dichas compañías.

¿Qué genera una burbuja Pues sólo dos cosas, de manera separada, o actuando conjuntamente, la codicia y la expansión de la base monetaria. La codicia puede actuar sola: es el caso de la conocida especulación con los bulbos de tulipán en Holanda en el Siglo XVI. Los holandeses comenzaron a apreciar tanto dichos bulbos, primero, y, después a apetecer tanto las ganancias que producía su simple intermediación, que los precios de los mismos acabaron por los aires hasta que se desinflaron dramáticamente. Un claro proceso especulativo en el sentido peyorativo que damos a la palabra especulación.

Modernamente, las burbujas las crea, con mucha frecuencia, un banco central y la regulación económica, primero, y la codicia que las alimenta, después. Un incremento de la masa monetaria mediante el mecanismo de préstamo de dicho banco a los privados a bajo tipo de interés sólo generaría una inflación general si los beneficiarios últimos del crédito pudieran dedicarlo a lo que quisieran. Sin embargo, las autoridades suelen, mediante incentivos legales, asegurarse de que dicho crédito se aplique sólo a adquirir determinados tipos de bienes y servicios. Es el caso de las burbujas inmobiliarias en todo Occidente, o la de demanda de educación superior en los Estados Unidos, que estallaron ambas en el periodo 2007-2008. La regulación favoreció la burbuja inmobiliaria española por dos vías: la fiscal y la de exigencias de recursos propios a la banca. La fiscal, por los incentivos a la compra y al endeudamiento para la compra, en ambos casos, de inmuebles. La de exigencia de recursos propios, permitiendo a la banca un mayor apalancamiento  para la inversión en crédito destinado a todo lo inmobiliario.

La nueva burbuja es la de la deuda pública, que se ha disparado hasta el 88,2% del PIB al cierre del primer trimestre de 2013 según el Banco de España, desde el 36,3% que suponía al cierre de 2007. O dicho de otro modo: pasando desde 382 mil millones de euros hasta los 923 mil millones en iguales fechas. Es decir, 541 mil millones de euros más o un 142%, si lo prefieren en términos relativos, en cinco años y un trimestre. El poco crédito que están dando las entidades, está yendo a la deuda pública. Recientemente les comentábamos en Hispanidad que al cierre de mayo la AEB indicaba que la financiación al sector privado había caído en lo que va de año (cierre de mayo) en casi 44 mil millones de euros, mientras que la dedicada al público había crecido en casi 30 mil millones de euros.

La burbuja la está facilitando la fuerte caída del tipo de interés a corto, es decir el incremento de liquidez puesto en marcha por el BCE para sacarnos, en teoría de la crisis, que ha hecho pasar el Euribor a 1 día desde el 3,985% al acabar el 2007 al 0,04% en estos momentos. Con ello, el negocio bancario actual radica en endeudarse a corto y comprar deuda pública que, además, a diferencia del crédito al sector privado, que permite un endeudamiento de las entidades financieras de 10 a 1, permite un endeudamiento total, o lo que es lo mismo, sin que las entidades tengan que dedicar a comprar títulos públicos un solo euro de sus recursos propios.

¿El riesgo Que la liquidez falte, es decir la facilidad para endeudarse para comprar bonos públicos, y se disparen los tipos de los mismos (ahora el bono español a diez años produce el 4,43% anual) y se hunda, por tanto, el precio de dichos bonos que está sostenido gracias a la facilidad crediticia del BCE. Eso o que los inversores, como les pasó con los créditos al sector inmobiliario, comiencen a sospechar que a lo mejor la deuda pública podría no llegar a pagarse en las condiciones pactadas y comiencen a vender... por si acaso. Al fin y al cabo, los intereses pagados en España por la deuda de la Administración Central hasta mayo eran de más de 11 mil millones de euros, más que los gastos de personal que ascendieron en igual periodo a 10 mil millones de euros. Además, el Estado antes del pago de intereses en dicho periodo ya arrojaba una diferencia negativa entre cobros y pagos de 8 mil millones de euros.

Atentos a esta burbuja, la de la deuda, porque es el padre de todas las burbujas. Es el burbujón.

Rodrigo de Silos
rodrigode@hispanidad.com