Un Gobierno liberal se define como aquel en el que el devenir de las compañías privadas no depende del Ejecutivo. Bajo esta definición probablemente no pueda catalogarse al Gobierno popular como "liberal", a juicio del probable cambio de directivos tras el 14-M. El incierto futuro de Cascos y Rato, y la posibilidad de que recalen en el ámbito empresarial ha disparado, en estas fechas, las especulaciones sobre los bailes de primeros ejecutivos tras las elecciones del 14-M.
Se comenta, por ejemplo, que Francisco Álvarez-Cascos podría recalar en Indra, compañía especializada en la industria militar y actualmente presidida por Javier Monzón. Una salida al estilo Arias Salgado con Carrefour. Aunque también se especula sobre la posibilidad de que termine en ACS-Dragados, lo cual explica muy bien por qué Florentino Pérez desconoce las cifras de la compañía que preside. Sin embargo, conviene recordar que Cascos ha administrado el Ministerio con mayor presupuesto y que su relación política con ACS debería de incompatibilizar su desembarco, si viviéramos en un país civilizado.
Añadan a este cóctel la incógnita del futuro de Rato. Su presencia como número dos en las listas apunta a la posibilidad de que permanezca en política. Pero Rato está esperando una llamada de Rajoy, que todavía no se ha producido. En el "interin", el vicepresidente primero teje sus redes en el ámbito empresarial "just in case". BBVA y Telefónica serían los destinos elegidos y viables para el artífice del milagro económico español. Se admiten apuestas.