Un afinador de pianos con hiperacusia, descubre que ese trastorno le sirve también para abrir cajas fuertes, lo que provocará que, sin querer, se vea envuelto en una dinámica de robos con compañeros poco recomendables.
Estupendo thriller, que cuenta una historia original (cosa que se agradece), en la que detrás de la cámara se encuentra el director ganador del Oscar Daniel Roher (por su documental Navalny) que ha tenido el talento, como él mismo ha manifestado, de escribir sobre la fragilidad de la persona y la lucha por recuperar la alegría tras una pérdida. Porque el protagonista, el joven Niki, era un pianista genial desde su infancia pero al sufrir hiperacusia, un trastorno doloroso relacionado con la percepción del volumen del sonido, tiene que reinventarse acercándose al instrumento que ama pero como afinador. Todo ello lo que plantea es en qué situación se queda un ser humano cuando, por circunstancias adversas, no puede explotar y disfrutar del don que posee. Porque ese es el eje de la película, aunque lo vistoso sea como Niki abre cajas fuertes en mansiones de gente acomodada involucrado con la peor calaña.
Un talento único atrapa la atención gracias, entre otras cosas, al joven actor Leo Woodall, ahora de moda por su trabajo en la miniserie de Netflix Vladimir, basada en la aclamada novela homónima, pero también conocido por su participación en Nuremberg o en la última entrega de la saga Bridget Jones: loca por él. A su lado el nonagenario Dustin Hoffman interpreta un personaje simpático, ambos se lucen en la pantalla mientras se habla de una relación de agradecimiento, ya saben: “De bien nacidos es ser agradecidos”.
Para: los que quieran ver un thriller de atracos de calidad