Un padre viudo, que se encuentra en situación vulnerable tras ser desahuciado de la casa donde vive, emprende con sus hijos, Ella y Charlie, un viaje a través del país, sin especificar a sus vástagos a dónde van. Pero la madura e inteligente hija empieza a sospechar que algo va a cambiar en sus vidas.
Una controvertida ley aprobada en Nebraska es el germen de este film independiente y minimalista, un drama familiar que nos habla de la dureza de la vida para muchas personas, entre las que se incluyen menores.
Se trata de la ópera prima en largometraje de un joven llamado Cole Webley, que se ha consolidado como uno de los debuts estadounidenses más interesantes del año tras su paso por algunos de los principales festivales. Cole se había fogueado hasta ahora haciendo cortometrajes.
Muy realista y con pocos diálogos, la película, una triste “road movie”, narra el viaje de esa familia fracturada, con un padre totalmente desesperado, un verdadero perdedor, que no sabe qué hacer en la vida a pesar del amor que siente por sus hijos. Este drama, que mantiene bien cierto suspense hasta su desenlace, contiene momentos que quedan en la memoria, como esos arranques de ese coche destartalado con el esfuerzo de padre e hija o esas miradas de esa niña- adolescente que lo intuye todo.
Una película que se apoya en el buen trabajo de los tres personajes principales, especialmente de John Magaro, coprotagonista en una de las películas más hermosas de los últimos años, Vidas pasadas, y fundamentalmente de la niña Molly Belle Wrigth, que hace un trabajo sobresaliente por su actuación contenida y llena de silencios, tanto es así que ya ha ganado algún premio por su actuación.
A Cole Webley se le ha comparado con Sean Baker, un cineasta que siempre se ha caracterizado por moverse en el terreno de las personas que viven los suburbios de las ciudades en situación de precariedad, mientras muestra la otra cara del sueño americano. Un director que inmerecidamente ganó el Oscar a Mejor película por la sobrevalorada Anora (2024). Pero a favor de Webley se puede afirmar que sabe narrar con sensibilidad una historia de esas que remueven conciencias sobre la sociedad americana en la que no rige el estado del bienestar.
Para: los que les atraigan los dramas de cine independiente.