La película ofrece lo que a priori promete: un recorrido por parte de la vida personal de Michael y su descubrimiento, siendo un niño, en los 'Jackson Five' hasta su carrera en solitario donde se convirtió en una gran estrella. Su argumento hace especial hincapié en la complicada relación con su padre y manager, un hombre dominante y violento. Habituados a la moda de realizar biopics de las grandes estrellas de la música era lógico que, por su trayectoria, talento y extraña vida, uno de los elegidos fuera Michael Jackson.
Desde el punto de vista técnico, posiblemente Michael sea el biopic que ha contado con el mejor equipo porque a su director Antoine Fuqua, recordado por Training Day (Día de entrenamiento o la saga The Equalizer), se han unido el prestigioso guionista John Logan (Gladiator, El aviador), el director de fotografía ganador de un Oscar Dion Beebe (Chicago, Memorias de una geisha) o la diseñadora de producción Barbara Ling (Érase una vez… en Hollywood, Tomates verdes fritos). No obstante las grandes apuestas de esta película han sido el director de montaje ganador de un Oscar, John Ottman (Bohemian Rhapsody) y, especialmente, el supervisor musical John Warhurst que ha pretendido que este film sea una experiencia inmersiva. De ahí que aconsejen, para disfrutarla en plenitud, verla en una sala de IMAX. Porque si algo es admirable en este film es cómo están recreados esos conciertos multitudinarios, donde se ofrece una réplica de las míticas actuaciones con sus hermanos y en solitario. Uno de los momentos más emblemáticos del film es la recreación de Michael Jackson: Thriller (1983), que el reparto y el equipo rodaron en Union Pacific Ave, de California, la misma calle en la que Michael interpretó ese momento de Thriller Dance en 1983.
No obstante, como en el cine una parcela importante es el marketing, se ha recalcado mucho la elección de Jaafar Jackson, sobrino real de Michael en su debut en la gran pantalla, para encarnar a la estrella. No se le puede poner ni una pega a la actuación de Jaafar porque, si bien apenas canta y se oye la voz de Michael, es admirable cómo baila y se mueve en el escenario, intentando emular a su tío. A su lado también hacen un trabajo sobresaliente Colman Domingo, interpretando a su tirano padre, y Juliano Valdi, que encandila, metiéndose en la piel de Michael en su etapa infantil.
La película es hagiográfica, es decir, que aborda con amabilidad la faceta extravagante de la estrella, como su afición a los peluches, su colección de extrañas mascotas (tenía, entre otras, una serpiente y una llama) pero no llega a tratar los momentos más polémicos y oscuros de su existencia, como era su obsesión por invitar a niños pequeños a su rancho de Neverland (El país de nunca jamás), una casa- parque que recordaba al personaje literario de Peter Pan y su isla mágica donde los niños vivían inmersos en la diversión sin querer crecer. De ahí que la parte dramática de este film musical sea cómo marcó en Michael, un niño prodigio pero sensible, la violencia y dominación de su padre a toda la familia. Por lo tanto, la película plantea reflexionar sobre el papel tan importante que los progenitores tenemos sobre la personalidad de nuestros hijos y su felicidad.
Para: fans de Michael Jackson, disfrutarán con esa recreación de sus conciertos en grupo y en solitario