Paolo tiene 40 años y empieza a tener despistes serios, ha empezado a perder la memoria. Será entonces cuando llegue el diagnóstico más cruel: tiene una variedad rara de Alzheimer que, en menos de un año, le hará olvidar todo. Será entonces cuando decida pasar con su hijo, de once años, el mayor tiempo posible antes de “desvanecerse”, a la vez que intenta reconciliarse con su hermano. Porque la decisión de Paolo y su familia es hacer una vida normal hasta que sea posible. En todo ello, apoyado por su valiente esposa. Este relato está basado en hechos reales.
A pesar de narrar a priori una historia dramática, la forma de enfrentarse a esa enfermedad de Paolo y su familia es esperanzadora gracias al amor que se tienen. Tanto es así que la película está repleta de momentos emotivos, como cuando Paolo enseña a su hijo (repito de once años) cómo debe afeitarse porque es consciente de que no estará en condiciones mentales cuando llegue ese momento en la adolescencia. Esto se complementa con frases llenas de mensajes hermosos como “las historias abrazan a las que las cuentan pero también a los que las escuchan” o la frase que le dice su maduro hijo cuando él le confiesa que tiene miedo: “La cuestión no es no tener miedo sino qué se hace con ese miedo”. Porque la película es un canto a la vida y a valorar las cosas sencillas que nos hacen felices.
Sentimental, se toma su tiempo en las secuencias que requieren silencios y reflexión, algo que contrasta con la velocidad y rapidez de muchas películas actuales.
El actor, director y guionista Edoardo Leo es también coproductor de este film, en el que hace un magnífico trabajo, al igual que el niño Javier Francesco Leoni o la actriz Teresa Saponangelo.
Para: Los que quieran ver un film lleno de momentos bonitos